protección de Buda, porque están en su interior, 
símbolo de que a todos recibe como discípulos: 
cuando los dos comerciantes deciden tomar 
refugio en Buda y le piden ser recibidos como 
discípulos, pasan a formar parte del cuerpo de 
Buda. Dicho de otra forma: Todos los seres 
forman parte del Señor, que a todos acoge y 
protege en su seno. 

Y, luego, Buda se levantó y fue a sentarse de 
nuevo bajo el árbol Agapâla, en el panel central 
del tríptico, y ocupó con su torso todo el tríptico 
abierto, su ojos, oídos, nariz y boca en las 
construcciones, fuente incluida, y en el estanque 
circular. Y entonces surgió un pensamiento en la 
mente del Buda iluminado: «Yo me he adentrado 
en esta doctrina, que es profunda, difícil de 
percibir y de entender, que trae paz al corazón, 
que es tan elevada que la razón casi no alcanza, 
que es abstrusa, que es inteligible solo para el 
sabio. Esta gente, por el contrario, son dados al 
deseo, actúan por deseo, se deleitan en el deseo. 
La ley de la causalidad y el encadenamiento 
causal les serían asuntos difíciles de entender. Y 
más difícil aún les resultaría entender la extinción 
de todos los samkhâras, la eliminación de todo el 
sustrato de la existencia, la destrucción del deseo, 
la ausencia de pasión, la paz de corazón, el 
Nirvâna. Si proclamo esta doctrina y nadie es 
capaz de entender mis enseñanzas, el resultado no 
será sino cansancio y molestias para mí. ¿Por qué

entonces debiera proclamarla? No, esta doctrina 
no será fácil de entender para seres abandonados 
a la lujuria y al odio. Dados al deseo, rodeados de 
espesa oscuridad no percibirán su propia 
repugnancia, ni lo que es abstruso, o profundo, o 
difícil de percibir, o sutil». Y por eso Buda 
decidió no proclamar su doctrina. Pero en ese 
instante, Brahmâ Sahampati, que entendió con el 
poder de su mente la reflexión de Buda, se dio 
cuenta de que el mundo perecería y desaparecería 
de no proclamar Buda la doctrina. Rápidamente, 
Brahmâ Sahampati desapareció del exterior del 
panel izquierdo en grisalla y se apareció ante el 
ojo izquierdo de Buda, en el panel central, en la 
construcción rosa del fondo, junto a las 
gigantescas cabezas de peces. Allí se encarnó en 
el hombre desnudo que apoyaba su rodilla 
derecha en la cueva mientras ocultaba su ropa 
sobre su hombro derecho, para pasar 
desapercibido, y elevaba sus brazos en súplica 
hacia Buda para rogarle: «Señor, quiera el 
Iluminado predicar la doctrina; porque hay seres 
cuyos ojos mentales apenas ciega el polvo, pero 
que si no escuchan la doctrina, no conseguirán 
salvarse». Y luego de haber dicho esto, dijo: «El 
Dhamma manifestado en el país de Magadha es 
impuro, pues ha sido pensado por hombres 
contaminados. Pero Vos habéis abierto las puertas 
de la inmortalidad; permitidles pues escuchar la 
doctrina descubierta por Vos, el sin mancha». Y
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