
caños .procedente del rocío del cielo y del rocío de las nubes., era símbolo del dios principal de los mayas, Itzamná 4521, señor de los cielos, de la noche y del día, cuyo nombre provenía de la forma en la que el dios se presenta en los códices .«soy el rocío del cielo, soy el rocío de las nubes»., códices donde fue dibujado con cabeza anciana, de boca desdentada y carrillos hundidos. El dios de la muerte, Ah Puch 4522, esqueleto musical, danzaba en el panel del Apocalipsis entre jeroglíficos cuchillos, junto al ave Moán, junto al pozo de los sacrificios. Y al diablo, Kabaz-beal, de lengua tan faltona como disléxica .«cabal veas», que a por esos va., se le unía el infierno mental .Metnal 4523., para con el lenguaje y sus intrincados razonamientos volver locos a los más eruditos, como castigo a sus pecados, y en particular al pecado de felación lingüística. Ojo por ojo. Lengua por lengua. Igual que castigados serán los que pequen de riqueza, con pobreza, castigados serán los que pequen de cordura, con locura, sobrevenida al comprobar que nada de lo que pensaren será expresado correctamente por sus lenguas. 4521 uady google wiki 4522 wiki 4523 wiki Y entonces descubrí que todo el lago daba forma a un gigantesco pez. Por su tamaño, bien

podría ser símbolo de una ballena azul (560), el animal más grande de todos cuantos han existido en la Tierra: la agujereada base de la fuente le servía de rosáceo ojo derecho; su boca se abría en la cueva para tragarse las alimañas. La boca también lo era de una gigantesca manta eléctrica (561), y hasta de un tiburón ballena (562) desdentado: la colina tras el elefante hacía ahora de aleta dorsal; el recodo en el lago hacía de aleta pectoral derecha. De nuevo, el Bosco logró un simbolismo sublime: la naturaleza divina de estos peces benditos parecía haberles dotado, tanto de una boca que imitaba la forma de la Muerte y del Infierno, como de un penacho .en su nariz. para reclamo de pecadores, de manera que hacia allí, atraídas por el mal, se precipitaban las alimañas, que acabarían irremediablemente siendo engullidas como kril por estos gigantescos peces de Dios, que giraban su cuerpo para sostener sobre su cola a Adán, a Eva y a Dios Hijo, los tres junto al árbol de la vida. La boca y la cola mostraban imágenes conceptualmente opuestas. Las dos espadañas de agua, elevadas sobre la hierba junto a la ribera, sugerían al moverse los ojos de un simpático cangrejo (563), también vigilante: me recordó al alegre cangrejo (248) en el panel del Apocalipsis. El penacho en dos plumas del faisán apostado en el lateral de la fuente, en el ramal de la derecha, transformaba