sobre lienzo; 335 cm × 283 cm), de Tiziano Vecellio di Gregorio, 
Museo Nacional del Prado (P00410), Madrid. 

museodelprado:[obra Tiziano enciclopedia] 

azulado en el agua del lago del paraíso, de isleños 
pómulos con pecas de patos, de larga cabellera 
que ascendía primero para luego descender tras la 
cabeza y el cuerpo, todo él cubierto por una 
fantástica armadura vegetal. Su boca, cerrada 
entre los árboles de la Vida, aparecía rodeada de 
una frondosa y frutal barba hecha de árboles del 
paraíso. En su escotado cuello aparecía la cabeza 
del minotauro .cual Toisón de Oro; cual 
montura en Mühlberg., con el cual compartía 
cuerpo, y hasta metamorfosis, porque el uno 
parecía transformarse en el otro, y el otro en el 
uno. Los dos paneles del Apocalipsis permitían 
ver las extremidades inferiores hasta las rodillas. 
Las perfectas proporciones y el realismo de la 
imagen me dejó atónito. 

La cabeza (550) me miraba frontalmente con 
sus ojos abiertos de par en par en la rosácea base 
de las fuentes. Sus múltiples pares de ojos (551) 
eran reflejos de los del minotauro y, aun así, 
parecían absolutamente humanos, tanto como 
animales parecían los del minotauro. Hombre… 
minotauro… hombre… minotauro… Así veía sus 
cabezas y sus cuerpos cuando alternaba la mirada 
entre la base de las fuentes situadas en la parte 
superior .ojos humanos., reflejo la una de la

otra, y las otras dos de más abajo .ojos del 
minotauro., en el panel del que los primeros 
habían surgido como reflejos. Era la más 
fantástica metamorfosis de hombre en minotauro 
.y de minotauro en hombre. que jamás hubiera 
visto. Zeus se transformaba en toro, para raptar a 
Europa: el pantocrátor se transformaba en 
Cordero, pan del cielo, para salvar al mundo. En 
el pensamiento de la cabeza del hombre (550) 
aparecía la cabeza de su conciencia, a imagen y 
semejanza suya, de múltiples ojos: la cabeza de la 
conciencia coincidía en todo con unas 
cabezas (512) que ya había visto, aquellas que 
tenían por boca, bigote y barba la base rocosa de 
la fuente, y que ahora también tenían como 
alargados cuernos de carnero la melena de Siva, 
que así se transformaba en Pan, el del infierno, 
para condenar al mundo. Mis ojos no podían creer 
lo que veían. La dualidad era perfecta. alcanzaba 
el límite de lo posible. 

Las ricas rocas entre los ojos, a las que se unían 
los ojos, parecían sugerir el cerebro y, en 
particular, el cerebro visual, donde se unían e 
interpretaban las imágenes de los ojos. Esas 
mismas rocas eran cuerpo del pato (517) que allí 
flotaba, en el líquido que llenaba la cabeza. El 
pato extendía las alas en horizontal, como 
planeando: con ellas, el Bosco daba forma a los 
humanos ojos para así sugerir que los ojos habían 
de girar, pues eran bases de las alas, es decir, que
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