Los genitales del minotauro, en el panel del 
Apocalipsis .el cuerpo ovalado de la figura 
hueca, y su reflejo, hacían de testículos., 
parecían formar parte de una extraña y oscura 
cabeza (538), cubierta por una grisácea capucha. 
Parecía un cráneo animal, más de simio que de 
chivo, alargado y siniestro, de hocico frío como el 
hielo, de fogosos ojos en el troco de la figura 
hueca. Su mirada frontal abrasaba. La cabeza era 
la viva imagen de la Muerte y del Infierno 
fundidos en un solo ser. Esta era la Muerte y el 
Infierno que le servían de vehículo al minotauro, 
pues a sus hombros hacía el paseíllo, 
tambaleándose ligeramente de un lado a otro, 
entre rabos y orejas cortadas. El sexo era el 
vehículo de la bestia minotauro, pues era el 
vehículo transmisor del Infierno y de la Muerte, 
el vehículo sobre el que el minotauro se montaba 
y con el que montaba. El minotauro plantaba su 
cabeza en el Génesis y su sexo en el Apocalipsis. 
De la fiesta de la vida salía a hombros del 
Infierno y de la Muerte. 

La cabeza (538) se multiplicaba, amplificaba y 
reducía gracias a otros pares de ojos (539); e 
incluso sugería la de una serpiente, la de una 
cobra a la que creía oír sisear. La cobra agachaba 
ligeramente su cabeza (540) .en el pene del 
minotauro. y abría su cuello .en las piernas., 
donde se apreciaban sus dos manchas 
características .en interior de la figura hueca; en

los testículos.: los gigantescos patines sugerían 
su lengua bífida; el serpenteante camino era el de 
su cuerpo sinuoso. El simbolismo era fascinante. 
La cobra se proponía como vehículo de la lujuria, 
dispuesta a cazar a su presa por placer, a morder 
donde más duele y darle muerte; y protegía el 
oscuro rostro de la Muerte y del Infierno cual 
Mucalinda protegiendo al iluminado Buda 4510. 

4510 wiki 

El sexo dirigía la cabeza (538) del simio, que 
allí se ponía la capucha de la Muerte. Su actitud 
le conducía al Apocalipsis. La espeluznante 
cabeza (538) de la infernal Muerte tenía por 
sienes los dos cráneos símbolo de sí misma, en la 
figura hueca; y miraba de frente; y con el fuego 
de sus ojos llamaba, desde el Infierno, a la vida. 
Sin duda, esta era una de las imágenes más 
impactantes: hasta pánico daba mirarla, por no 
hablar de sostenerle la mirada. «Que nadie intente 
retarle en esto a la Muerte .parecía sugerir el 
Bosco., pues siempre llevará las de perder». En 
el pensamiento de esta cabeza símbolo de la 
Muerte y del Infierno, vi la cabeza (541) del can 
Cerberos, al que le brotaban como cuernos de 
carnero los evidentes cráneos de caballo. Costaba 
creer que esta imagen hubiera salido de la mano 
de un hombre, y más aún de un hombre nacido en 
el siglo XV.
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