
elefanta cubre con su oreja la cabeza de su pequeño, para que no vea cosas que dañarán sus ojos y secarán su corazón. Y el pequeño, por más que deja de ver, continúa caminando, sin apartarse de su madre; porque se fía de ella; porque sabe que le quiere. ¡Ay, guías ciegos, que coláis cagadas de mosquitos y os tragáis elefantas con sus crías! 4479 4479 Mateo 23, 24 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Mateo 15, 14 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Lucas 6, 39 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Romanos 2, 19 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Juan 16, 13 vatican:[español latín] latinvulgate biblos museodelprado elpais larazon publico libertaddigital heraldo elpais abc elmundo larazon El descomunal agujero negro también parecía enorme ojo izquierdo en un rostro de perfil, de verdoso aspecto extraterrestre (489), dentro de lo humano, y discreta nariz en la colina donde se enraizaba el árbol de la vida. Los ojos de este ser contemplaban la Creación a través de Adán y Eva, venidos a anteojos, con Cristo por montura. El cristal izquierdo, encarnado en Adán, parecía suelto, caído de su montura. Quizá por eso las formas evidentes se transformaran en formas fantásticas al llegar a este ojo, todo pupila, totalmente dilatada. Una madriguera de conejo parecía sugerir UN ojo derecho (490), extremadamente diminuto en comparación con el izquierdo, y quizá por eso libre de visiones: el ojo

izquierdo se abría como el ojo de un gran telescopio, para mirar al más allá, al más allá de la realidad evidente, y contemplar el reino de la fantasía. El paralelismo que el Bosco estableció entre la cabeza del gigantesco elefantito y el rostro de este ser de aspecto extraterrestre daba mucho que pensar. Ciertamente, el paralelismo existía: el pequeño elefante real, pequeño y real en comparación con el gigantesco y fantástico elefantito, aparecía en la nariz y ante los ojos de este último, replicando así la relación entre Jesucristo y el ser extraterrestre, pues el pequeño Jesucristo real, pequeño y real en comparación con el gigantesco y fantástico ser extraterrestre, aparecía en la nariz y ante los ojos de este último; hasta el ojo estupefacto del gigantesco elefantito, el ojo en la base de la fuente, parecía asociarse con el ojo totalmente dilatado en el estanque, ojo izquierdo del ser extraterrestre. Fantasía hecha realidad: he aquí la clave de este asunto; con tan fantástico recurso, que no podía serlo más, simbolizó el Bosco la Encarnación. Ahora y solo ahora se podía entender, en toda su magnitud, la infinita profundidad conceptual existente tras el gesto de estupefacción del fantástico y gigantesco elefantito, al descubrir lo que era, lo que fue y lo que sería de mayor. Al nacer, el ojo cerrado (483) se abre, y entonces ve. Y al comprender lo que ve,