vertical en la nuca y hasta les atravesaba el cuello, 
lo que justificaba la expresión del animal, tanto 
como la expresión de muerte de la 
gigantesca vaca (176) con ojo abierto en la base 
de la fuente. Las cabezas de perfil compartían ojo 
con la cabeza central. 

EL CERDO 

Más abajo de estos ojos, el Bosco pintó un 
zorro evidente, ojo ahora de una cabeza de 
cerdo (470) .también con sus correspondientes 
cabezas (471) de perfil.. El cerdo se enfadaba 
muchísimo, a decir de un segundo par de 
ojos (472), ahora triangulares, situados más abajo, 
en la vegetación. Un poco más hacia los laterales, 
un mono sugería un tercer par de puntuales 
ojos (473) con ceja de elefante. Y un poco más 
hacia los laterales, un árbol sugería un nuevo par 
de ojos (474). 

EL CONEJO 

Y había una razón para el enfado del cerdo. 
Los árboles, la vegetación, el recodo del lago y la 
pequeña isla se apilaban sobre su enfadado hocico 
para dar forma a la graciosa y gigantesca cría de 
conejo allí sentada, sobre el entrecejo del 
enfadado puerco, sobre el que hacía sus 
necesidades aviares, de ahí el enfado. La cabeza 
del conejo (475) aparecía en el recodo; y las

orejas, en la isla; de su cuello bebían los 
cuadrúpedos. El lago y su reflejo sugerían un 
segundo par de orejas, ahora gigantescas (476), 
reflejo de las del elefante. Bajo las gigantescas 
orejas de este conejo aparecía otro conejo, el real, 
también semioculto entre la vegetación: desde allí, 
el conejo real miraba extasiado la fascinante 
imagen de su gigantesco congénere. Así confirmó 
el Bosco la existencia del aún más gigantesco 
conejo (163) que aparecía al girar ciento ochenta 
grados la imagen que tenía ante mí. Sin duda, 
había que quitarse el sombrero ante el Bosco: 
pintó a la cría de conejo (475) junto a la madre 
que la parió (163). 

La cabeza (446) de Dios Padre, en el Génesis, 
apuntaba también al hinduismo y al budismo, 
pues conectaba con la igual de gigantesca y 
reflexiva cabeza de Siva (102) .o Buda., en el 
panel del Apocalipsis. A todos estos dioses, 
unidos en una sola imagen, les bastaba utilizar su 
pensamiento para crear o destruir el universo, al 
igual que bastaba el pensamiento humano para 
crear o destruir las fascinantes imágenes creadas 
por el Bosco en El jardín de las delicias. De 
hecho, el líquido que vertía la fuente podría 
simbolizar el sufrimiento .como origen de la 
vida. del cual bebían los seres vivos de la 
escena, por ser Jesucristo símbolo de la Pasión, y 
por ser la fuente del color del cual vestía 
Jesucristo. En este sentido, y por ser las fuentes
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