
hacia abajo cuando el ojo derecho (406) se situaba en el ala del sombrero de una bestia, aquí cabeza abajo sobre la parte inferior del tablero de backgammon. El marcado estómago (407), la boca (408) y los ojos (409) de esa misma bestia se unían al sombrero para sugerir los ojos de una impresionante secuencia que sugería perplejidad ante lo visto en el panel central, y luego profundo llanto, y luego abatimiento. La secuencia la remataba el ojo (410) en el tablero de backgammon, que miraba hacia abajo, hacia el propio panel. Toda esta secuencia de cabezas parecía originarse en una serena cabeza (411) con hocico y boca cerrada en la zanfonía, y múltiples pares de ojos más arriba: al girarse esta cabeza hacia su izquierda saltaba la sorpresa. El Bosco llenó el panel de ojos para estas cabezas en secuencia con boca en el arpa. El relato apocalíptico exigía confusión, cabezas atormentadas que mirasen hacia uno y otro lado sin poder salir de su asombro. Frente a estas cabezas, en el panel central, vi otra cabeza (412) sublime, ahora más pequeña y con aspecto de león ante una máscara africana (413) petrificada junto a la cueva: la cabeza (412) tenía boca de mejillón, barba roja de jaspe, nariz de trébol sobre cabeza humana, alargado hocico en las caderas, ojo de uvas, ceja azulada… Cada trazo tenía su sentido, e incluso múltiples sentidos.

La imaginación del Bosco no conoció límites: el arpa sugería un pez (414) atrapado por la cola, cual falsa ballena con su falso Jonás: el panel central sugería esa imagen a esa misma altura. El pequeño felino (412) parecía estar a punto de nacer, pues parecía ser el hijo en el vientre materno del gigantesco felino (201) con nariz de lince que tenía su cabeza en el panel del paraíso y su cuerpo en el panel central. La cría era parida al infierno, a través de la cueva: las cabezas de perro en el panel del infierno parecían olisquear el trasero del otro felino y se asustaban al barruntar lo que se les venía encima. De ahí las flores que perfumaban uno de los traseros humanos en el panel central; y de ahí la partitura que sonorizaba otro de los traseros humanos en el panel del infierno. De hecho, la partitura conectaba explícitamente el trasero .humano. con las narices .de los perros, asustadas por olerse el embarazo.. La explosión combinatoria generaba todo tipo de cabezas. Como aquellas (415) de aspecto humano, de afilada nariz en las enormes orejas, y boca en el puente, y puntiaguda barba en los edificios destruidos. Imágenes camaleónicas, como la del camaleón (416) junto a su cueva, en la esquina del panel central: su lengua, el reflejo.