vena de la garganta, se abalanzaba el lince. Había 
que verlo .y leerlo. para creerlo. La ley de la 
supervivencia, comer o ser comido, ser infierno o 
ser muerte… Colmillo Blanco: la novela la 
escribió Jack London… ¡en 1906! 

Y el fantástico e hiperrealista lince (358), con 
fosas nasales en la cabeza de la mujer negra, ojo 
en el claro espacio entre su brazo y su cuerpo, y 
boca en el pico del colibrí, se giraba hacia su 
derecha (359) para mirar hacia la cabeza del no 
menos fantástico puercoespín. Y también parecía 
tigre cuando su cabeza se agrandaba, sus 
ojos (360) ahora en el pato, su boca en la oscura 
cabeza del colibrí. 

EL ESQUELETO 

La cabeza del can mayor también parecía la de 
un cordero, cría de carnero. El cordero, por ser 
símbolo de Cristo, también era símbolo de 
sacrificio y de muerte, pues moría al sacrificarse 
por el hombre; y también era símbolo del bien. 
Las gigantescas cabezas del cordero y del becerro, 
enfrentadas entre sí, sugerían el bien y el mal; 
ambas unían sus hocicos, chupaban de la misma 
teta, se alimentaban de la misma sangre, la que 
descendía por el cuello de una figura inverosímil, 
de un gigantesco esqueleto (361) extraterrestre 
que se alimentaba de seres humanos, de los 
mismos y radiantemente blancos como huesos 
seres humanos que le daban forma, y de cuya

gigantesca yugular .o esófago, o vía láctea. 
mamaban el becerro y el cordero, cual peces 
vampiros .o canEros.. La calavera del 
esqueleto tenía su boca en el mejillón. Dos 
gigantescos frutos azul y rosa, más arriba, le 
servían de globos oculares: y miraba ligeramente 
hacia arriba, por el hueco del brazo del hombre en 
el ojo derecho (362); y miraba ligeramente hacia 
abajo, por la cabeza del hombre en su ojo 
derecho (363); y miraba de reojo, a través de la 
oscuridad junto al cuello del hombre en su ojo 
derecho (364). Y había más pares de ojos (365). 
Con ellos miraba el extraño esqueleto en todas las 
direcciones, algo sorprendido, algo triste. La 
cabeza (353) era reflejo de una de estas 
cabezas (366), de ojo y nariz rojas. 

El blanquecino esqueleto extraterrestre yacía 
casi muerto, junto al río: por allí merodeaba el 
mapache. El Bosco tuvo que ser un viajero en el 
tiempo, con casa y teléfono 4371. El mapache se 
zampaba a los pájaros y los pájaros daban forma 
al mapache: se es lo que se come. Y el lobo se 
comía al mapache. Y el dragón de Komodo se 
comía al lobo… Y el tríptico, al cerrar sus labios, 
se los zampaba a todos. Con esta ingeniosa 

4371 E.T. the extra-terrestrial in his adventure on earth (Estados 
Unidos, 1983), de Steven Spielberg (Cincinnati, 1946). 

bifi:[película director] wiki:director google:traductor
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