Había que verlo para creerlo. La cabeza (331) del 
simio, de perfil, que ponía su ojo derecho en un 
conejo, parecía ladearse (334) y mirar hacia mí al 
situar su ojo izquierdo entre un hombre y el 
unicornio al que montaba. En todas partes 
aparecían candidatos a ojos del simio, y cada cual 
dotaba a la cabeza de una orientación y expresión 
distinta. El tronco rojo de pasión .sofocada en el 
agua. y la esfera azul que colgaban de la 
entrepierna de un hombre asomado a la ribera del 
lago, eran símbolos de la sexualidad masculina y 
de otra boca del simio, y del método de 
reproducción del pez, que mandaba sus 
espermatozoides hacia el óvulo .el huevo., al 
otro extremo. Allí aparecía el pez hembra, y la 
mona, tan sensual y femenina, con sus múltiples 
pares de ojos: la sirena semidesnuda era ojo 
izquierdo (335) cuando el huevo .óvulo. hacía 
de boca; el pez en el agua sugería otro ojo 
izquierdo (336); y también lo sugería el cuello 
curvo de la camella; la construcción azul, al 
fondo, a la derecha de la fuente, hacía de 
mandíbula inferior en una boca que reflejaba la 
del primate; la construcción rosa, en primer plano, 
más a la derecha, hacía de encéfalo y de espina 
dorsal, reflejos también de esas mismas partes del 
primate consorte. La simetría de género 
equiparaba a hembras con varones, convertía a 
los unos en reflejo de las otras, en opuestos y 
complementarios.

Pero el Bosco fue aún más lejos; porque en la 
mente del mono pintó monas, mientras que en la 
mente de la mona pintó hombres, como 
intentando simbolizar a los hijos de Dios con los 
que soñaban las hijas de los hombres, a las que 
los hijos de Dios tomaron como esposas. La 
sirena semidesnuda y el semiarmado sireno 
también apuntaban en esta dirección. Toda forma 
en el tríptico parecía tener su sentido. 

Pero la fantástica metamorfosis no había aún 
llegado a su fin. El simio evolucionaba a 
hombre (337) al trasladarse su ojo y su nariz 
.respecto al ojo del simio. al grupo de arriba y 
al de la derecha, respectivamente, quedando su 
boca abierta en el río, y cerrada en el cuerpo 
esférico de un ave: esta cabeza varonil, de 
delgada nariz y barbilla prominente a lo Carlos V, 
de marcadas mandíbulas y larga melena vegetal, 
sublime en su concepción y realismo, ladeaba 
ligeramente su perfil derecho hacia el interior de 
la escena para mirar serenamente .desde el 
grupo del camello. a las mujeres reunidas en el 
lago central, junto a la bola más grande de El 
Escorial 4353, en la base de la fuente. Por su 
majestuosidad, la cabeza parecía la de un 
emperador y hasta la del mismísimo Zeus, 
vigilante, sorprendido, enfadado, como 
atragantado por un espinoso bolo alimenticio 

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