apariencia fetal, pues estaba en el seno paterno 
.cabeza divina.; y dormía; y se llevaba la 
mano a la boca como un niño en el vientre de su 
madre; y se giraba, ahora hacia la derecha 
.cabezas (256)., ahora hacia el centro 
.cabezas (257)., ahora hacia la izquierda 
.cabezas (258)., siempre dormido; y también 
abría en gigantesco círculo su ojo izquierdo y 
miraba de frente .cabeza (259)., pero 
enseguida lo cerraba, dolorido, incapaz de 
soportar la visión; y se giraba hacia el otro lado, y 
abría el otro ojo, y volvía a mirar de frente 
.cabeza (260). para ver el mundo; y de nuevo 
cerraba su ojo, dolorido; porque era al abrir el ojo 
cuando contemplaba el pecado del mundo, un 
pecado que, cual anillo ecuatorial, le comprimía 
la cabeza, atacaba a su cerebro y le creaba un 
tumor; y el pequeño ser se metía la mano en la 
boca para vomitar, pues a tanto llegaban el asco y 
los mareos; y luego, bajaba la cabeza entristecida, 
profundamente apenada, y se llevaba las manos a 
los ojos para calmar el llanto .cabeza (261)., 
como el gigantesco hombre (103) vegetal del 
paraíso; tras recuperarse, se sonaba la nariz a 
derecha e izquierda .cabezas (262 y 263). y 
volvía a su sueño. 

Algunas de las cabezas que sugería la 
gigantesca esfera azul soplaban por el cono que 
atravesaba la gota de ópalo rosáceo. El 
simbolismo conectaba con la gaita del panel del

infierno. En este sentido, en su relación con el 
infierno, la fuente del panel central, y en 
particular su cabeza resquebrajada, parecía 
prefigurar las consecuencias destructivas de un 
mundo basado en el placer efímero y dañino de 
las drogas y del sexo desprovisto de amor: el 
cono en la boca, y el agua que de él ascendía 
sugerían el acto de fumar; y el mismo cono, en la 
nariz de otras cabezas, sugería el acto de esnifar; 
y la gota de ópalo que atravesaba los brazos 
sugería el veneno que un pinchazo introducía en 
la sangre. La mula de la mentira, de las drogas y 
del sexo pasaba factura en el Apocalipsis. 

Todas estas cabezas y muchas más aparecían 
en la fuente del revés. Abajo, las cabezas dormían, 
descansaban en paz; sobre ellas, las cabezas 
despiertas irradiaban ira. Las cabezas de abajo 
parecían simbolizar la Muerte, en su camino 
hacia el Apocalipsis; las de arriba parecían 
simbolizar al Infierno, en ese mismo camino. El 
Bosco volvía así a construir un relato que 
conectaba incluso con el panel del Génesis, con 
las cabezas de la Muerte y del Infierno, con el 
árbol del conocimiento del bien y del mal que 
brotaba de la cabeza (9) de la Muerte, ante la 
atenta mirada de la cabeza (10) del Infierno. En el 
panel central, el cuerpo humano sugerido por la 
fuente, incluida la base esférica que hacía de 
cabeza, también parecía conectar con ese árbol. 
El Bosco conseguiría así yuxtaponer relatos
22 -2 -1 -1 +1 +1 +2 2894 2894 2894 2894 2894 2894 2761 2894 2894 22 -2 -1 -1 +1 +1 +2 157 157