
cual ojo de halcón, cual ojo de Horus, cual minucioso monóculo de joyero que escrudiñara cada detalle de la vida de cada persona, en el día Juicio Final, lo que a su vez sugería que la base circular de la fuente del paraíso .aposentada sobre joyas. era símbolo de una lente, y de un ojo. El antropomorfo pájaro sentado en su trono conducía a los pecadores hasta los ojos de Siva; y al revés, como si la mente de Siva expulsara a los pecadores por su ojo para vomitarlos al infierno a través del pájaro, para recibir allí su castigo. En la misma vertical del ojo, pero más abajo, al otro lado del mar helado, aparecía la nariz de Siva, en la zona del cántaro rugoso y el cuchillo. La boca, iluminada, aparecía más abajo, en torno a la muralla y los edificios destruidos. Los instrumentos sonaban en el oído de Siva. La barbilla tocaba la parte inferior del panel. La figura hueca remitía a una muela, la del juicio final, una muela infectada, que había que extraer con cirugía: la gaita sugeriría el flemón. El tambor sugería otro ojo (226) izquierdo de la secuencia; y miraba de reojo, como en el panel del Génesis. El centro del laúd hacía de ojo (227) izquierdo cuando la cabeza se giraba hacia su izquierda y miraba de frente con este ojo, como mirando al presente, como juzgando a ojo a compositores e intérpretes de obras musicales, antes juzgados a oído .izquierdo., como juzgando las obras culinarias de los restauradores

y sus vinos, ahora con su fosa nasal derecha, en la figura hueca. Y descubrí otras cabezas que explicaban el porqué de la forma de algunos objetos. El gigantesco y alargado cántaro de superficie granulada, ahora boca abajo, sugería la cabeza de un pulpo (228): las asas sugerían los abultados ojos; de la boca emergía su descomunal lengua, afilada como un cuchillo. Y cuando las asas del cántaro eran fosas nasales, los ojos de otra cabeza aparecían más arriba, a los lados, cerrados en una larga vara (229), abierto el derecho (230) en su portador. DI YU Todo el panel derecho del tríptico, el del infierno, parecía simbolizar el infierno chino, o Di Yu, el Nakara del budismo, infierno que también permeó la mitología mongola. Quizá por eso el Bosco pintara al emperador de la China en el panel del Génesis, para con ello confirmar el infierno chino en el panel de la Muerte y del Infierno, panel también del Apocalipsis. El panel izquierdo, en su posición convencional, sugería los dieciocho niveles del Di Yu, desde la Montaña de los Cuchillos, en lo alto, hasta el pozo del Avici, reservado a los más viles pecadores. En los niveles intermedios se torturaba a los pecadores de tantas otras maneras: abrasándolos en fuego, o en hielo, por fuera y por dentro del cuerpo;