
En el panel del Génesis, Dios Hijo tomaba a Eva de la mano. También la Muerte tomó a Eva de la mano, cuando Eva tomó el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Y los hijos de Dios tomaron para sí a las hijas de los hombres. «La mano del Mensajero de Dios .el profeta Muhammad. nunca tocó la mano de otra mujer .no pariente.. Más bien, él aceptaba su juramento de fidelidad a través de las palabras» 4132. En el panel del Apocalipsis, el cráneo de la Muerte aparecía trepanado y flanqueado por dos gigantescos cuchillos: «Mejor sería ser apuñalado en la cabeza, que tocar a la mujer que no te corresponde» 4133. «Y el Infierno y la Muerte fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda» 4134. 4132 google islamqa 4133 google islamqa 4134 Apocalipsis 20, 14 vatican:[español latín] latinvulgate biblos EL LEÓN Y, entonces, vi que dos zonas verdes ovaladas y otras dos lineales, zonas de descanso y anidación para los patos, eran ojos abiertos (104) y cerrados (105) en una increíble, maravillosa y fantástica cabeza de felino, entre león y tigre, a cuyo hocico daba forma el árbol de la vida y su reflejo: los árboles y vegetación de alrededor, los lagos y los montículos completaban la fascinante

imagen; las dos fuentes rosas del paraíso sugerían puntiagudas orejas; las aves blancas .garzas o espátulas. también sugerían ojos puntuales abiertos (106) y cerrados (107). El felino de ojos verdes protegía el paraíso. La escena parecía estar sujeta a una impresionante metamorfosis: la cabeza humana se transformaba en la cabeza del felino. LA PANTERA Y fue llegado a este punto cuando tuvo lugar una gran revelación. La música dio un giro radical, dio todo un salto en el tiempo. Ahora sonaba a jazz. Y las formas y colores se intensificaron para realzar una imagen tan real como increíble, una imagen que llegaba para confirmar definitivamente que los viajes en el tiempo eran posibles y que el Bosco fue uno de esos viajeros; porque la base de las dos rosas fuentes del paraíso, y los dos lagos ovalados en torno a ellas, también sugerían pupilas y ojos en una cabeza de pantera (108), pero no de una pantera cualquiera. La melodía de jazz que llegaba a mis oídos, perfectamente reconocible, interpretada por instrumentos medievales, era la más famosa de cuantas escribió la mano de Henry Mancini, melodía que se unió a la inconfundible imagen que veían mis ojos para crear una realidad que no dejaba lugar a dudas: aquella pantera era