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tercer acto de Die Walküre 4117, que sonó con la fuerza de una celestial orquesta filarmónica. Y se fueron iluminando como estrellas los ojos de los personajes del tríptico, e incluso los de las gigantescas cabezas, que se hicieron aún más reconocibles. E imaginé, en algunos de los personajes de la escena, a algunos de los personajes de la fantástica tetralogía de Richard Wagner. En el hombre contra las tablas, acosado a los pies del panel derecho, en primer plano, creí ver a Siegmund, el hombre que prefirió acabar en el infierno antes que ir al Valhalla y no poder encontrar allí a su amor, Sieglinde: «Muss ich denn fallen, / nicht fahr' ich nach Walhall: / Hella halte mich fest!». Sieglinde aparecía junto a él, tras el tablón; portaba el agua para calmar su sed e intentaba defenderle del peligro. Y también creí reconocer a Notung, la espada que Wotan, dios de dioses, clavó en el tronco de un fresno junto a la casa de Sieglinde; la misma espada que hirió el tronco al clavarse en él hasta los gavilanes; la misma espada predestinada a Siegmund; la misma espada que finalmente se volvió contra él, entre perros infernales; la misma espada que ahora creía ver en primer plano, hiriéndole en el pecho. Y el Bosco se transformó en Wotan .o 4117 Die Walküre (1851R1856), primera jornada del festival dramático escénico Der Ring des Nibelungen, de Richard Wagner (Leipzig, 1813 R Venecia, 1883).

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viceversa. para hundir su espada de óleos .símbolo y reflejo del significado de El jardín de las delicias. en las mismas tablas del tronco sobre las que pintó su tríptico, obra que, como Wotan, también había perdido la mitad de su visión, razón por la que necesitaba de un ojo de cristal, de un ojo especular: así prefiguró el Bosco la futura llegada de Siegmund, del Volgsungo para el que forjó su obra, cuyo significado sólo Siegfried, hijo de Siegmund, podría desvelar recomponiendo con espejos la obra rota. Y entonces llegaría el ocaso de los dioses. También creí identificar a la valquiria preferida de Wotan, Brünnhilde, encarnada en la mujer junto al trono del pájaro, rodeada y protegida por el fogoso Loge y por los espantosos horrores puestos allí con el fin de que sólo el valiente Siegfried, el más libre de los héroes, pudiera encontrarla .gracias al pájaro que le indicó el camino. y hacerla suya. Fue al recordar esta parte del argumento de la ópera cuando la música cesó y renació acompañada de una voz omnipresente, omnipotente, altísima y profunda hasta el infinito, la voz de un antiguo Dios, Wotan, cantando ese preciso texto, «Denn einer nur freie die Braut, der freier als ich, der Gott!» .«Porque sólo uno liberará a la novia, uno más libre que Yo, el Dios».. Nunca me llegué a sentir tan ridículamente minúsculo como entonces, abrumado por aquel incomprensible espectáculo

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