
abiertos, oscuros, semicirculares en las arpas, y las dos bocas transmitían ahora un gesto de asombro, de terror: con estos ojos, el rostro adquiría ciertos rasgos de felino, como de tigre. La metamorfosis del toro en torero y del torero en toro también aparecía en el Legado Picasso de 1981, en Cabeza del toro con estudios de ojos 1. El simbolismo de Picasso y el del Bosco se justificaban mutuamente. Dentro de la cabeza (92), compartiendo con ella sus bocas, vi una cabeza (94) de rasgos humanos, totalmente calcinada por las llamas. Aparecía en la mitad inferior de la escena. Miraba por el hueco de las figuras huecas, que sugerían extrañas gafas blancas. Su boca se abría amenazante en los puentes; y parecía casi cerrarse más abajo, quedando ligeramente abierta (95), en pequeño círculo de fuego, a los pies de la escena. Los instrumentos y los tablones coronaban, a modo de mitra, esta cabeza: las dos ínfulas colgaban una a cada lado y llegaban hasta el coronado pájaro que comulgaba sentado en su cátedra, con el gremial cubriéndole las rodillas. Los símbolos remitían a la liturgia de la ordenación de un obispo, que llegaría a serlo de Roma 4085. Los objetos sobre las cabezas de algunos de los personajes del panel harían referencia a la escena litúrgica de ordenación de 4085 elpais ctxt elpais google

obispos, en la que los Evangelios se disponen sobre la cabeza del futuro obispo: cada personaje del panel era ordenado en su pecado. Y debajo, en el tercio inferior de la escena, vi otra cabeza con gafas (96), las mismas .ahora del revés. que portaba la cabeza (71) de la Muerte. Y las gafas parecían traslúcidas, tanto como reflectantes, y coincidían con la amenazante boca abierta de la cabeza (94). La seria y siniestra cabeza (96), algo cabizbaja, se inclinaba un poco hacia delante, como mirando hacia abajo, con sus ojos de puente invertidos, y soportaba sobre sí todo el peso de la endemoniada y compleja escena, que le achataba el cráneo. Y al alzar sus ojos parecía mirar de frente, por encima de sus gafas, con los ojos (97) ahora en las gigantescas orejas. Y aparecían más ojos al ascender por la escena, fundiéndose todas estas cabezas .incluidas las ya dichas. en una fantástica secuencia. Los estrechos hombros aparecían bajo dos rayos de luz blanquecina a ras del suelo .aquí cielo.. EL GATO Los cántaros, sobre los cuchillos y las lenguas, se unían a sus reflejos para sugerir los delicados y afilados ojos de una gigantesca y fantástica cabeza (98) de felino de mirada hipnótica, cual