concebir el arte. Y que conste que el Bosco no 
obró así solo para lucirse: todo en la escena 
estaba contando una historia; todo tenía su 
sentido. Sirva como ejemplo la representación de 
la Muerte y del Infierno. El Infierno y la Muerte 
carecen de representación real; son solo 
espectros; son entes invisibles; sus figuras solo 
existen en la imaginación: el Bosco, viajero en el 
tiempo, llegó hasta el más allá para captar esa 
esencia y transformarla en pintura. La cabalgata 
circular del panel central, la figura hueca sobre 
las barcas, los hombres subidos a los patines… la 
Muerte sobre su caballo, el Infierno sobre su 
cabra… Cada cual en el tríptico se subía a su 
vehículo. El placer se transformaba en infierno; la 
vida, en muerte; lo pequeño, en gigantesco; y lo 
gigantesco, en miniatura. Efecto Bosco 4060. 

4060 google:[1 2 3 4] wiki:[1 2] 

Y entonces mis ojos, perplejos como nunca 
antes lo habían estado, vieron toda una serie de 
imágenes que nunca jamás hubieran imaginado 
que llegarían a ver en aquella escena. Primero 
distinguí dos gigantescas cabezas, una de 
caballo (73), la otra de cabra (74), zum de las 
anteriores cabezas de caballo (70) y de cabra (69), 
símbolo de los vehículos de la Muerte y del 
Infierno. La una aparecía al lado de la otra, 
mejilla con mejilla. Y cada cual contenía a su 
equivalente. La cabeza (73) de caballo tenía sus

ojos en la figura hueca, que sugería con su forma 
la campana y las piernas que eran ojos de la 
cabeza (70) de caballo; y tenía sus orificios 
nasales donde el arpa se incrustaba en el laúd; la 
rugosidad de su labio superior aparecía justo 
debajo, en la multitud; los tablones rectangulares 
finalizaban el labio. Las dos cabezas (70 y 73) de 
caballo interconectaban su simbolismo no solo a 
través de sus ojos, sino también a través de la 
rugosidad de sus labios, transformada 
intencionadamente en multitud humana. El Bosco 
pintó las cabezas a distintos niveles de resolución, 
una (70) dentro de la otra (73). Y no era estas las 
únicas interconexiones entre estas dos fantásticas 
cabezas de caballo: las conexiones alcanzaban 
incluso al cráneo de caballo, al enorme cráneo 
visible que aparecía junto a la figura hueca. El 
hombre que colgaba de la vara que salía del ojo 
del explícito cráneo de caballo conectaba 
conceptualmente con la ballesta .con forma 
humana, por remitir a El Descendimiento, de 
Roger van der Weyden. que colgaba de la rama 
que salía del ojo de la cabeza (73) de caballo. 
Esta relación me permitió descubrir otra, no 
menos llamativa: la roja y rechoncha bestia 
antropomorfa con cabeza de serpiente .más que 
de rana., la misma bestia que abría su 
descomunal boca para extender su delgada y larga 
lengua de equidistantes nódulos hasta el trasero 
del hombre aplastado bajo el arpa y el laúd,
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