proporciones, encogiéndose siempre la escena 
siguiendo la línea circular de la base del otrora 
cilindro. Cuando la escena alcanzó el tamaño 
primero, el que tenía antes de formar el cilindro, 
el proceso de reducción se detuvo. Los ocho 
paneles .originales y reflejos. quedaron como 
antes de que toda la escena se curvara, salvo que 
ahora todos ellos equidistaban de mí, pues la 
escena se disponía en un arco de un círculo del 
cual yo era el centro. Y el arco se abatió hacia 
atrás y se hizo plano. Y el plano se abatió hacia 
atrás y se hizo arco reflejo del arco. Y el arco 
reflejo del arco se extendió hacia atrás y se hizo 
cilindro reflejo del cilindro. Y el proceso se 
revirtió y el cilindro reflejo del cilindro se hizo 
arco reflejo del arco, y el arco reflejo del arco se 
hizo plano. Y tras un tiempo, el plano se abatió 
hacia delante y se hizo arco. Y tras otro tiempo, el 
arco se extendió y se hizo cilindro. Y así siguió el 
cilindro transformándose en arco; y el arco, en 
plano; y el plano, en arco reflejo del arco; y el 
arco reflejo del arco, en cilindro reflejo del 
cilindro; y el cilindro reflejo del cilindro, en arco 
reflejo del arco; y el arco reflejo del arco, en 
plano; y el plano, en arco; y el arco, en cilindro… 

CABALLO 

Durante todo este fantástico y al mismo tiempo 
fantasmagórico espectáculo visual descubrí 
multitud de cabezas ocultas a primera vista en la

escena, aún más sorprendentes e inverosímiles 
que las otras, todas de una genialidad impensable 
en un pintor del siglo XVI, cabezas que de seguro 
habrían sorprendido incluso a un maestro pintor 
del siglo XX de la talla e ingenio de Dalí. De este 
tipo era la cabeza (70) de caballo que se reveló 
bajo los cráneos del caballo, una cabeza con ojos 
de campanas y hocico entre laúdes: las 
demacradas y textiles bolsas de los ojos; los 
oricios nasales, sutilmente localizados en el 
espacio entre el hombre, el reptil y el laúd; y la 
alineada rugosidad de cabezas humanas que 
daban forma al labio superior del equino, como 
sirviéndole de alimento, eran la más sublime 
muestra de fantasía que jamás hubiera visto en un 
pintor de esta época y aun de nuestros días. La 
cabeza (70) de caballo no era una mera conjetura 
ni una sorprendente coincidencia visual: la 
cabeza (70) de caballo existía de forma irrefutable. 
Porque irrefutable eran las pruebas que quiso dar 
el Bosco para que se pudiera confirmar su 
fantástico simbolismo. Por si la evidencia visual 
no bastara, el Bosco colgó del ojo del cráneo del 
caballo a un hombre en una larga vara metálica, 
para que la imagen se asociara con el hombre que 
colgaba de la campana, ojo de la cabeza (70) de 
caballo. Además, el Bosco convirtió en badajos 
de dos campanas a dos personas 4054 .o a una, 

4054 abc larazon
21 -2 -1 -1 +1 +1 +2 21 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.abc.es/ciencia/20140116/abci-sinfonia-vida-descubierto-201401161150.html http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/5158451/portada/las-campanas-de-toledo-repican-en-un-concierto-insolito-que-abre-el-ano-del-greco 2708 2708 2708 2708