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que tragarse lo escrito, hoja a hoja, de cada libro vendido, y luego volverlo a defecar, ahora ya mejor escrito. Y si no fueran suficientes todas estas invenciones, siempre se podría añadir alguna otra, tan sorprendente como las anteriores, aunque de otra índole. Por ejemplo: podría afirmarse, con la rotundidad que permiten los datos objetivos y los hechos históricos, que, en la mencionada aventura del Quijote, Cervantes rinde homenaje a El jardín de las delicias, del Bosco, obra de renombre que Felipe II adquirió en 1593, doce años antes de la publicación de la primera parte del Quijote. Y esto sería así porque, además de todos los términos bíblicos ya apuntados, en la aventura de la penitencia de Beltenebros se habla también de cinco sentidos, de sellos, de dados, de los más únicos pintores, de reglas, de banderas y caballerías, de gigantes, de serpientes, de monstruos imaginarios con facciones humanas y fieras, de ejércitos, de armadas, de encantamientos, de señales halladas en fuentes, y de enturbiar sus claras aguas, y de abrasar chozas y derribar casas, y de «otras cien mil insolencias dignas de eterno nombre y escritura»; y también se habla de cartas, y del yelmo de Mambrino, respecto al que don Quijote razona con gran entendimiento, viniendo a decir que lo que a Sancho parece bacía de barbero, le parece a él yelmo, y a otro le parecerá otra cosa, y que fue

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rara providencia del sabio, que era de su parte, el hacer parecer bacía a todos lo que en realidad era valiosísimo yelmo de Mambrino, porque así, viendo todos en el yelmo solamente una bacía, nadie perseguiría al de la Mancha para quitárselo, que, de saber todos la verdad, poco tiempo le durara a él en la cabeza. A través de este razonamiento de don Quijote, Cervantes confirmaría su opinión sobre la interpretación de las obras de arte, a saber, que toda interpretación es válida, si así lo juzga quien la hace, siempre que no se engañe a sí mismo. Cervantes, además, sugeriría con sus palabras que, tras la interpretación convencional de una obra, también podrían esconderse otras menos accesibles, ocultas por motivos ocultos, pero igual de válidas, si no más: «Búsquelas quien las quiera encontrar .parecía decir., pues dejo claras señales que no pueden serlo más, por no comprometer, no ya el yelmo, sino mi cabeza». Ciento cuarenta y cuatro mil señalados días proféticos después llegaría el tiempo de la revelación 3951. El jardín de las delicias, o el Legado Picasso de 1981, bien especulados, daban para todo un libro de Transformaciones 3952,3953. 3951 Apocalipsis 14, 1 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 3952 Segvnda parte del ingenioso cavallero don Qvixote de la Mancha (Madrid, 1615; edición príncipe; impresor: Juan de la Cuesta), de Miguel de Cervantes Saavedra (España, ¿Alcalá de Henares, 1547? R Madrid, 1616), Biblioteca Nacional de España

21 -2 -1 -1 +1 +1 +2 21 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.biblegateway.com/passage/?book_id=73&chapter=14&version=6 http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__P11A.HTM http://www.vatican.va/archive/bible/nova_vulgata/documents/nova-vulgata_nt_apocalypsis-ioannis_lt.html#14 http://www.latinvulgate.com/lv/verse.aspx?t=1&b=27&c=14 http://www.biblos.com/text/revelation/14-1.htm