los violines vuelven a susurrar en pianissimo 
«Domine. Domine. Domine», y tras una breve 
coda se llega al final de la exposición. Vamos a 
escucharla toda otra vez. 

Y sobre la música me fue indicando la entrada 
de las voces de los hombres, de las mujeres y 
ancianos, y de los niños, y del instante en el que 
los pequeños repetían el «et verus». Al finalizar la 
exposición paró el equipo y continuó con los 
comentarios. 

.Ahora llega la primera variación de la 
exposición. La cadencia se dobla, la cuerda 
desarrolla la melodía en semicorcheas, seis por 
compás, el clarinete de fondo se mantiene 
constante, y se marca el ritmo con el pizzicato de 
la cuerda. La frase «Usquequo, Domine sanctus et 
verus», en doce notas, puede encajarse seis veces, 
primero cuatro en las violas y chelos, luego una 
en los violines, comenzando en el «et verus», y la 
última en la flauta, también comenzando en el «et 
verus»: serían las voces de los hombres, mujeres 
y niños, en el mismo orden que antes. A partir de 
ese momento se retoma la estructura de la 
exposición y se continua como antes hasta llegar 
al final. Vamos a escucharlo. 

Y fue cantando sobre la música las seis 
repeticiones de la frase «Us-qu-e-quo, -Do-mi-ne 
-sanc-tus -et -ve-rus» y el resto de motivos. 
Luego detuvo el CD y siguió comentando la 
partitura.

.Ahora viene una segunda variación de la 
exposición. La cadencia se vuelve a doblar y pasa 
a ser de fusas, doce por compás. La melodía en la 
cuerda se hace más compleja pero el viento 
madera de fondo sigue constante. Comienzan la 
variación las violas y chelos, las voces 
masculinas, con casi ocho compases y el ritmo 
marcado por el pizzicato del resto de la cuerda de 
fondo. Luego siguen los violines, las voces 
femeninas, con otros ocho compases sobre los 
que juegan los niños en el viento madera. Y 
finalmente llegan los contrabajos, con siete 
compases, forte, sobre el ritmo de semicorcheas 
de violas y violines, también forte. Pongo el CD y 
te lo comento sobre la música. 

La partitura, sus explicaciones, todo resultaba 
claro, evidente, natural. Podía distinguir los 
sonidos de los instrumentos como nunca antes lo 
había hecho. Y todo porque ahora sabía de 
antemano lo que iban a hacer; porque lo estaba 
viendo ante mí en la partitura: veía cuándo 
entraban, cuándo salían y hasta con qué 
intensidad tocaban. 

.Y ahora llega un momento fantástico .dijo 
sonriendo., les toca el turno a los niños. Los 
hombres, las mujeres y los ancianos han 
desarrollado la melodía en fusas. Algo así es 
demasiado complejo para los niños que aparecen 
en este movimiento. ¿Cómo resuelve Beethoven 
este dilema? Parando la orquesta en seco. La
21 -2 -1 -1 +1 +1 +2 21 -2 -1 -1 +1 +1 +2