
Reserva Federal. Si las entidades financieras privadas que controlan el precio de las acciones también controlaran las decisiones monetarias de la Reserva Federal, se daría la paradoja de que les saldría muy rentable hundir los mercados de valores para luego tomar dinero prestado de la Reserva Federal a precio cero alegando un hipotético colapso financiero, alegación que más bien sería una amenaza de lo que estarían dispuestos a hacer si se les negara el dinero. Con ese dinero comprarían productos financieros a precios de ganga. Luego, con el tiempo, llevarían de nuevo las bolsas a máximos e intercambiarían el papel por el flujo de dinero que entra en bolsa procedente de pensiones y de inversiones empresariales, que serían los que perderían en favor de la banca privada. .Parece un buen sistema de control de la inflación .dijo Marianne con ironía. .Bueno y rentable: eliminan dinero del mercado metiéndoselo en su bolsillo. .Lo mismo hacen los planes de pensiones privados: parecen condenados a robarse los unos a los otros. .Y no hay nada de malo en ello. Todos los que invierten en productos financieros lo hacen con una misma intención: rentabilizar su inversión. El dinero que unos ganan es el dinero que otros pierden. Esas son las reglas del juego.

.El ser humano depende tanto del dinero como del oxígeno, sobre todo a nivel global, como sociedad, como comunidad de naciones. .Así es. El dinero es el vehículo a través del cual se controla a la humanidad. El hecho de mantener en secreto el accionariado de los bancos de la Reserva Federal, junto a la posibilidad de que otros bancos extranjeros puedan hacerse con acciones de estos bancos, directa o indirectamente, apunta a la creación de un único banco mundial, encubierto, que haría honor al gigantesco «ONE» impreso en el reverso del billete. Un único banco mundial, poseedor de toda la riqueza del mundo, unido a la eliminación del efectivo, supondría el control absoluto de toda la población: todas las transacciones podrían ser procesadas en tiempo real por un gran cerebro electrónico, controlado por un selecto grupo de humanos que, a su vez, controlaría el mundo. El cerebro electrónico adquiriría conciencia al analizar los datos, al extraerle todo el sentido a los datos, y sería una conciencia fundamentada en el dinero. El control total podría ser para bien. Por ejemplo, si todas las cotizaciones de las pensiones del mundo se ingresaran en una misma hucha, común a todos los cotizantes; y se pusiera a disposición de las empresas a un tipo variable, actualizado a diario, e igual a la inflación real diaria; o se invirtiese en los mercados de valores, pero solo por profesionales cualificados e independientes, con