2466

.Bueno. Veamos si la llave lo abre .dije con gesto circunspecto. Metí la mano en el bolsillo, saqué la llave e intenté introducirla en la cerradura. La llave entró sin problemas. Al girarla un poco, la cerradura pareció ceder. Y al girarla del todo, el cajetín se abrió. En el interior vimos que había una carta y un pequeño estuche de terciopelo azul, como de anillo de joyería. Por un instante, Marianne y yo nos miramos en silencio. Su cara era pura incertidumbre. La mía no debía serlo menos. .En el remite de la carta debe aparecer el nombre del propietario del apartado postal .dije.. Voy a comprobarlo. Cuando saqué la carta del cajetín y vi qué nombre estaba escrito en el remite, el corazón me dio un vuelco. .¿Qué nombre pone? .preguntó Marianne un tanto preocupada por el repentino cambio de expresión que notó en mi rostro. Mis ojos, confusos, miraron entonces a los suyos para pronunciar el nombre escrito en el remite. .Pone… «Marianne Carpenter Li». .¡Mi nombre! Marianne quedó perpleja, desencajada, pálida, como si el nombre que acababa de pronunciar fuera el último sobre la tierra que esperara oír salir de mis labios. .Aquí lo tienes .y le entregué la carta.

2467

.No puede ser. Esto es una locura .dijo totalmente desconcertada. Esta extraña situación, irracional hasta la médula, me sumió en la más absoluta confusión. No sabía qué pensar. Era Marianne quien había encontrado entre mis cosas una llave que no solo no era mía sino que parecía ser de ella. Sin embargo, la reacción de Marianne al oír su propio nombre parecía sincera, totalmente natural, tanto como lo había sido su comportamiento a lo largo de la tarde. ¿Qué necesidad tenía ella de realizar un montaje como este? Ninguna, absolutamente ninguna. Por más vueltas que le daba, no encontraba la forma de interpretar lo que estaba ocurriendo. Y a ella parecía sucederle tres cuartos de lo mismo. .Te juro que esa llave no es mía .afirmó Marianne con gravedad, fiel reflejo de la seriedad de su cara. .Te creo. De hecho, me has quitado la frase de la boca: puedes estar segura de que esa llave tampoco es mía. La situación me resultó tan inverosímil que no pude evitar sonreír mientras cogía el pequeño estuche y se lo entregaba a Marianne. .Al menos no hemos cometido ningún delito abriendo este cajetín .añadí bromeando mientras lo cerraba. Al girarme hacia Marianne, para entregarle el llavero con la llave, vi que Marianne ya había

21 -2 -1 -1 +1 +1 +2 21 -2 -1 -1 +1 +1 +2