
los propios financieros, consentidos por los políticos, los que declaran en ruinas la economía con el fin de echar a los inquilinos del edificio y apropiarse de él (y del solar) a precio de ganga para luego demolerlo, reconstruirlo y revenderlo a precio de oro: a esto lo llaman reforma financiera. Pasó igual que con el boom inmobiliario. Primero fueron los bancos y los gobiernos nacionales, regionales y locales los que dieron luz verde a la construcción masiva; porque con ello aumentaban desmesuradamente sus ingresos. Así es como se inflan las burbujas. Los bancos de inversión se enriquecen porque se disparan las acciones que en su día compraron a precio de saldo. Los gobiernos se enriquecen porque aumenta el intercambio de dinero y aparecen nuevos contribuyentes donde no los había. Las inmobiliarias y constructoras se enriquecen imponiendo precios desorbitados a los activos. Y la banca convencional se enriquece con las hipotecas y los créditos. Y se enriquecen también las energéticas y todos los sectores que giran en torno al inmobiliario. Pero al final los beneficios se los quedan unos pocos, los de arriba. Y todo a costa de las masas, de aquellos que necesitan de una vivienda para vivir, que son los que a la postre se quedan sin un duro, e incluso sin casa. Y entonces se hunde la pirámide. Cuando el mundo financiero detecta que ya está todo el pescado vendido, se deshacen de las acciones, se

las colocan a particulares y a empresas, en fondos de inversión y de pensiones. Y entonces llega la crisis; y no hay dinero; y no hay consumo; y no hay trabajo; y se restringe el crédito; y se hunden los precios; y los que habían comprado en máximos se ven obligados a vender en mínimos, por falta de liquidez, ya sean casas, acciones, fondos de inversión o incluso de pensiones; y entonces, los que viven de este oscuro negocio, compran, y se endorsan la diferencia. Había países que incluso llegaban a cambiar las leyes para permitirlo, leyes un tanto tenebrosas, y que más bien parecían dictadas desde el opaco mundo financiero. .La eterna historia del pez grande que se come al pez pequeño. .O del Infierno que se come al ser humano. Los recursos del poder son infinitos. Resulta paradójico que estemos en manos de los bancos cuando su dinero sale de nuestros bolsillos. Cuánta razón tenía Marianne. Los bancos no entienden de piedad, sólo entienden de dinero. Atraídos por el oro, como tiburones por la sangre, atacan con hambre de riquezas allí donde hay ahorro, seleccionando a los más débiles e ignorantes, desde bebés a jubilados. El sistema financiero convierte a los bancos en virtuales dueños del ahorro, en recolectores de depósitos, del capital que no utilizan las masas. Los mismos que inyectan dinero en el sistema circulatorio de