
El final de este cuento logró rescatarme del estado de perplejidad en el que me sumieron aquellos gráficos. .No me lo puedo creer .le dije a Marianne.. Estos gráficos… La idea es increíble. ¿Es realmente cierta? .Sí que lo es. Ahí tienes más ejemplos .dijo señalándome otros gráficos.: cuando el índice sube desde mínimos y toca el precio medio relativo, entonces, y solo entonces, llegado el momento de volver a bajar, estalla la crisis de Irlanda, Alemania anuncia amenazas terroristas y se transforma en un Estado militar, estalla la alarma de guerra entre Corea del Norte y Corea del Sur, los americanos filtran informes de sus embajadas… en fin, a meter miedo para que la gente venda. Como hay que hundir todas las bolsas al mismo tiempo, también hay que generar artificialmente cierto pánico global para justificarlo, de forma que se vayan acumulando este tipo de circunstancias hasta alcanzar el estado de máxima incertidumbre y confusión, momento en el que se marcarán mínimos, y los pocos que han organizado este tinglado se lanzarán a comprar a precios de saldo. Y en aquellas empresas en las que no se pueda hacer esto, porque la gente se niegue a vender, o porque sean empresas muy populares y los bajos precios de la acción atraigan a todo tipo de inversores, se llevará la acción a precios mínimos históricos y

se las sacará de bolsa para obligar a todos a vender con pérdidas, a un precio ridículo, como ya ha ocurrido con empresas del sector financiero, de automoción o aeronáutico, todo para luego, pasado un tiempo prudencial, volver a sacarlas al mercado, a un precio diez, cien o mil veces mayor, endosándose la diferencia no el público en general, sino los gobiernos, bancos y demás compinches, siempre tan ávidos de dinero ajeno. Curioso es que en plena crisis el gobierno se reúna con los bancos y las empresas de mayor capitalización bursátil cuando el paro alcanza cotas insostenibles y son las pequeñas y medianas empresas las que generan el 95% del empleo. Marianne me remitió de nuevo al diario. El pequeño libro incluía gráficos detallados de los índices y de los treinta y cinco valores del Ibex, así como una selección de valores del Mercado Continuo. Bancos, eléctricas, constructoras… No se libraba ni un solo sector. Y todos parecían confirmar aquella asombrosa teoría. Había incluso una página en la que se calculaba la profundidad del periodo bajista o alcista en función del tiempo estimado para el ajuste y de la profundidad del periodo alcista o bajista anterior. La página tenía por título Nihil Scitur. La aparente ironía de esta alusión me recordó El mundo por dedentro 3654, de Quevedo. ¿Por qué los 3654 El mundo por dedentro (la Aldea, 1610), de Francisco de