que incluso fueron capaces de analizar la 
evolución de algunas acciones en base a gráficos 
que sólo incluían el precio de la acción y no los 
precios medios relativos. Y se oyeron cosas a las 
que difícilmente se les podían poner precio. 

»Para finalizar, el profesor había preparado un 
pequeño sermoncico humanizante, pues pensaba 
que quizá no encontraría una ocasión más 
propicia en todo el año para casar un contenido 
matemático tan sencillo con una realidad tan 
compleja e influyente en la vida futura de sus 
alumnos. Después de darle algunas vueltas y 
antes de salir de su despacho para dirigirse a clase, 
el profesor esbozó en su mente la idea sobre la 
que articularía su discurso: RTodo esto que hoy 
estáis viendo y escuchando aquí .diría a sus 
alumnos señalando los gráficos. no creo que lo 
oigáis ni lo veáis en otros sitios. Las razones del 
porqué son muchas, y ya las iréis aprendiendo a 
medida que crezcáis. Pero en cualquier caso, 
sabed que está en vuestro poder cambiar el 
mundo, y elegir el camino por el que llevar de la 
mano vuestra vida, y la de los demás. Y no hay 
mejor camino que el de la búsqueda de la verdad; 
porque la verdad os hará un poco más sabios, y la 
sabiduría .si la usáis para el bien común. os 
hará un poco más libresr. Y ya estaba preparado 
el buen y sabio profesor de matemáticas para 
soltar esta arenga a sus alumnos cuando sonó la 
campana y se hizo el jolgorio, y los chavales

salieron en estampida al recreo, dejando al 
paternal profesor con la palabra en la boca y una 
incontenible sonrisa de impotencia en los labios: 
RA los niños hay que decirles siempre la 
verdad… aunque a veces les importe menos que 
un pimientor, concluyó el profesor para sí 
mismo».
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