algo parecido a lo que tú ves en las obras del 
Bosco. 

.Una prefiguración del cubismo… .dije para 
mí. La infanta como espejo en el que se miran 
los reyes… Sí, tiene sentido… 

.Las cabezas de Felipe IV 3487 y de Mariana de 
Austria, en el espejo, serían los ojos de la Infanta, 
las niñas de sus ojos. Es incluso lógico: como los 
reyes posan delante de la infanta Margarita, los 
ojos de la Infanta reflejan su imagen. Y hasta 
cabría pensar en un juego de ingenio de 
Velázquez, como si pretendiera dar a entender 
que está retratando .con permiso de los reyes. 
a todo aquel que se sitúa ante su obra, como si el 
observador también hiciera de modelo. Así, todos 
cuantos hubieran mirado este cuadro alguna vez 
le habrían servido de modelo a Velázquez, que les 
habría pintado a todos, por separado y también 
juntos, como si fueran una familia. La idea es 
fantástica: todo el mundo retratado en un solo 
cuadro. Y no es el único mensaje que esconde el 
lienzo. Velázquez también parece establecer un 
paralelismo entre el mundo inferior de los niños y 
el superior de los adultos, como si el uno fuese 
reflejo del otro. Igual que las dos meninas 

3487 Felipe IV (Valladolid, 1605 R Madrid, 1665) fue rey de 
España (1621R1665) y Portugal (Felipe III, 1621 R 1640). Entre 
las regiones bajo su control también estuvieron los Países Bajos 
españoles (1621 R 1665). 

wiki

situadas a los lados de la infanta Margarita 
entretienen y sirven a la Infanta, los dos 
personajes situados a ambos lados del reflejo de 
los reyes .Velázquez y José Nieto. entretienen 
y sirven a los reyes: por eso Velázquez necesita 
del espejo. Velázquez era el pintor de Felipe IV. 
José Nieto era el jefe de tapicería de la reina. La 
pequeña mujer y el niño junto al mastín, también 
sirven y entretienen a la infanta Margarita, pero 
de otra manera menos culta y refinada. Estos dos 
personajes se identificarían con los dos 
personajes adultos de más arriba, los 
guardadamas. Todos quedan perfectamente 
emparejados: cada adulto con su niño. Felipe IV 
reservó Las meninas para su despacho privado en 
palacio, lo que demuestra el aprecio que le tuvo a 
esta obra. Tras casi cuarenta años al servicio de 
Felipe IV, Velázquez murió en 1660, cuatro años 
después de pintar Las meninas. 

Marianne tenía razón. Velázquez había 
conseguido una composición de gran impacto 
subjetivo para los reyes. Cada vez que el rey y la 
reina contemplaran este cuadro se imaginarían 
que Velázquez estaba allí, pintándoles; se verían 
a sí mismos en el espejo del fondo; contemplarían 
a su propia hija y a todos mirándoles a ellos, que 
serían el foco de atención. El énfasis recaía en el 
modelo más que en la obra: el cuadro les miraba a 
ellos; era su hija la que les miraba. La idea era 
genial. Sin duda tuvo que agradar a Felipe IV.
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