.geométricos y sensibles. con un hilo de 
sangre, que a su vez sirve para sugerir otro hilo, 
el de la imaginaria cuerda que uniría las dos 
llagas de la divina ballesta hecha Cristo. Esta 
magistral metáfora, que ocurre en el círculo más 
interno, orbita entorno a conceptos como castidad, 
fecundación, vida y sufrimiento, y permite 
descubrir otros relatos tanto o más sorprendentes: 
la llaga, en las costillas de Jesús, sugiere como 
símbolo a Eva, que de una costilla del hombre fue 
formada. Por eso, el hueso situado a la derecha, 
en el suelo, también sería símbolo de Eva, como 
la calavera lo es de Adán. De hecho, todos los 
huesos visibles pertenecen al cuerpo de Adán: el 
cráneo es su cráneo; y el otro hueso, en la misma 
vertical que el radio izquierdo de Jesús, sería 
símbolo tanto de su radio como de la costilla de la 
que nació Eva. El simbolismo es incluso más 
complejo: Roger van der Weyden también invita 
a que se relacione el hueso sobre la tierra con el 
húmero izquierdo de Jesús. Al hacerlo, y conectar 
los extremos de ambos húmeros con líneas rectas, 
se obtiene la relación que buscaría el pintor: el 
hueso es un peldaño de la escalera, el primero de 
los peldaños que conducen a la cruz. Por eso el 
hueso pertenece a Adán pero también a Eva, 
porque fue ella la que con su gesto puso el primer 
peldaño de la escalera de pecado que, con el 
tiempo, acabaría dando con los huesos de Jesús 
en la cruz. Roger van der Weyden no sólo pintó

un Descendimiento, también pintó un ascenso, 
una escala de pecados, cuyo origen se remonta al 
origen de los tiempos: de allí parte el relato del 
cuadro. Las posiciones relativas de la Virgen 
María y Jesús también contribuyen a relacionar 
los huesos con Adán y Eva. La Pasión de Jesús 
redime a Adán; la de la Virgen María redime a 
Eva. Adán se sacrificó: comió del fruto para no 
abandonar a Eva, para salvar a Eva. 

Las faldas de los vestidos y túnicas: ¿quién dijo 
que no eran más que pliegues? Pues hasta los 
pliegues están contando la historia. La falda a los 
pies de María Magdalena es una fantástica cabeza 
apesadumbrada: las dos curvas de su costura son 
ojos cerrados que lloran; entre ellos, debajo, 
aparece la nariz; y más abajo está la boca 
acongojada; los ojos se abren en el cinturón de 
María Magdalena .de ahí el doble broche., 
contemplan la escena y vuelven a cerrarse en su 
pesar; los dos broches miran las llagas en los pies, 
como Nicodemo mira las llagas en las manos; 
Roger van der Weyden se vale de esta asociación 
para confirmar su simbolismo. El tercio superior 
de la adornada vestimenta de Nicodemo también 
da forma a una cabeza animal (3) que gira su 
hocico hacia María Magdalena: la cabeza (3) 
tiene sus ojos en el pecho de Nicodemo y eleva 
sus cuernos hasta su cuello. Estos ojos en el 
pecho sugieren .junto a las lágrimas en los ojos 
de los personajes de la escena. que el pecho de
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