delimitaría el reino de la Muerte, les incluye a 
todos, como sugiriendo con ello que por ahí 
hemos de pasar todos. A esta compleja 
composición circular hay que añadir la 
disposición de las manos visibles de los distintos 
personajes, que Roger van der Weyden también 
distribuye atendiendo a círculos concéntricos. 
Todo esto contribuye subjetivamente .y en 
silencio. a la armonía visual del conjunto. La 
circularidad concéntrica sugiere, además, la idea 
de una pupila que se dilata: es el Ojo de Dios, que 
todo lo ve. La idea, a su vez, conecta la fóvea con 
el ombligo, tanto a nivel humano como divino, 
tanto a nivel interno .el mundo percibido es 
procesado por la mente, el corazón y el alma, y 
transmitido al nuevo ser a través de su ombligo. 
como a nivel externo .Dios (su Ojo, su fóvea) 
nutre (alumbra) directamente a Jesús (a través de 
su ombligo).. La ingeniosa metáfora confirma a 
Jesús como Hijo de Dios. 

El simbolismo en El Descendimiento alcanza 
cotas difíciles de superar. La llaga al descubierto 
en el costado de Jesús .hecho público. y el 
sexo cubierto por el paño de pudor .hecho 
privado. no solo equidistan del ombligo sino 
que incluso son simétricos respecto a él, pues se 
sitúan en los extremos de un mismo diámetro, al 
igual que las llagas en las manos: Roger van der 
Weyden, que no parecía desear que esta idea 
pasara inadvertida, conectó los extremos

.geométricos y sensibles. con un hilo de 
sangre, que a su vez sirve para sugerir otro hilo, 
el de la imaginaria cuerda que uniría las dos 
llagas de la divina ballesta hecha Cristo. Esta 
magistral metáfora, que ocurre en el círculo más 
interno, orbita entorno a conceptos como castidad, 
fecundación, vida y sufrimiento, y permite 
descubrir otros relatos tanto o más sorprendentes: 
la llaga, en las costillas de Jesús, sugiere como 
símbolo a Eva, que de una costilla del hombre fue 
formada. Por eso, el hueso situado a la derecha, 
en el suelo, también sería símbolo de Eva, como 
la calavera lo es de Adán. De hecho, todos los 
huesos visibles pertenecen al cuerpo de Adán: el 
cráneo es su cráneo; y el otro hueso, en la misma 
vertical que el radio izquierdo de Jesús, sería 
símbolo tanto de su radio como de la costilla de la 
que nació Eva. El simbolismo es incluso más 
complejo: Roger van der Weyden también invita 
a que se relacione el hueso sobre la tierra con el 
húmero izquierdo de Jesús. Al hacerlo, y conectar 
los extremos de ambos húmeros con líneas rectas, 
se obtiene la relación que buscaría el pintor: el 
hueso es un peldaño de la escalera, el primero de 
los peldaños que conducen a la cruz. Por eso el 
hueso pertenece a Adán pero también a Eva, 
porque fue ella la que con su gesto puso el primer 
peldaño de la escalera de pecado que, con el 
tiempo, acabaría dando con los huesos de Jesús 
en la cruz. Roger van der Weyden no sólo pintó
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