de ambos genera el todo. La pintura fue para 
Picasso su particular película; sus obras muestran 
fotogramas de su vida, páginas de su diario. De 
hecho, todos esos videos explicativos de los que 
hablaba Marianne bien podrían utilizar solo 
imágenes, sin sonido, pues eso fue lo que hizo 
Picasso, que construyó un lenguaje universal 
basado en imágenes, como hizo el Bosco. El 
lenguaje de la palabra no es universal: sus signos 
son artificiales; cada país, cada comunidad de 
seres humanos construye su propio lenguaje. Con 
la imagen no ocurre así: la imagen existe con 
independencia del ser humano, es externa al ser 
humano. En general, todos los cerebros humanos 
perciben y procesan las imágenes de igual manera. 
Por eso, todos los seres humanos comprenden el 
dolor de una madre que abraza a su hijo muerto: 
no hacen falta palabras para entender la escena. 
Picasso y el Bosco comprendieron la 
universalidad del lenguaje de la imagen y crearon 
verdaderas y universales obras literarias, 
compuestas solo de imágenes. Así se lo comenté 
a Marianne, capaz de idear todo un museo en un 
minuto; a lo que ella respondió: 

.Evidentemente, los videos explicativos 
también podrían incorporar canales de audio con 
música o explicaciones, sobre todo pensando en 
las personas que no pudieran ver con sus ojos, y 
que sí podrían ver con sus manos, tocando 
reproducciones en relieve. Pero el objetivo sería

que la imagen bastara para comprender lo que se 
desea explicar. Sería como volver a los orígenes 
del cine. 

Marianne volvía a tener razón. El cine nació de 
la pintura, de la imagen estática. La complejidad 
para narrar historias es máxima en la pintura que 
busca captar el movimiento; y disminuye de 
forma radical al pasar al cine mudo; y se 
minimiza con la llegada del cine sonoro. El 
espectador ante una pintura ha de pensar para 
comprender: el espectador de cine sonoro no 
necesita pensar para comprender. De ahí el éxito 
de lo audiovisual en nuestros tiempos. De ahí que 
la pintura aburra. De ahí la demanda de obras 
raras, sin significado ni sentido, puras manchas: 
el individuo no quiere pensar, le cuesta pensar, le 
duele pensar, no tiene tiempo para pensar; y 
necesita no pensar, o que alguien piense por él. El 
ocio se identifica con la desconexión del 
pensamiento. El espectador se ha convertido en 
un ente pasivo al que hay que alimentar de arte 
como se alimenta a un niño, pasándoselo todo por 
la túrmix, una actitud muy peligrosa, porque los 
hay que por dinero son capaces de dar de comer 
porquerías, e incluso veneno. 

.Aun así, si por mí fuera, pondría hoy mismo 
a la venta todos los cuadros de todos los museos 
.dijo Marianne. 

.¿Y eso? .contesté un tanto sorprendido.
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