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contrasté con la obra. Fútil pretensión la de describir con palabras un cuadro. Aun así el resultado me satisfizo: el mero hecho de tener que escribir lo que veía me indujo a observar con más atención la obra, si bien los detalles se acumularon en mi cabeza, más que sobre el papel. Me acerqué un poco más al cuadro y lo observé meticulosamente. Me llamaron la atención las tracerías: sugestionado quizá por los rostros llenos de lágrimas de todos aquellos personajes, no pude evitar interpretarlas como símbolos de ojos que lloraban .al igual que las cuencas del cráneo en el suelo., llegando incluso a identificar las lágrimas. De la unión de una madre y de un padre santos, puro corazón con cabeza, nacía un santo hijo, a imagen y semejanza de sus progenitores. También reparé en la diminuta ballesta colgada de la tracería mayor izquierda, reflejo de la diminuta ballesta colgada en la tracería mayor derecha. La ballesta, con su forma, sugería un cuerpo humano: el aro que la unía al soporte del que colgaba simulaba la cabeza; el arco de la ballesta daba forma a los brazos extendidos y ligeramente curvados hacia abajo, unidos por la tensa cuerda; la mitad superior del eje principal de la ballesta sugería el torso; y de ahí salían las dos piernas, continuación del eje principal y del

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gatillo 251. Me situé en el centro del cuadro y contemplé pensativo las dos ballestas, a uno y otro lado. Al pasar de la una a la otra reparé en el cuerpo de Jesús, justo frente a mí, en el centro de la obra; y al hacerlo me sorprendí creando un simbolismo que me dejó perplejo, pues identificaba los orificios en los extremos del arco de la ballesta .los dos orificios a los que se aferraba la tensa cuerda. con las dos heridas en las manos de Jesús, heridas a las que se aferraba su Pasión, en la cruz: Jesús era a la vez hijo e instrumento de Dios; era flecha y ballesta divina con la que el Todopoderoso disparaba al mundo su Palabra de Vida: adonde va-y-está su flecha allí está Él. No podía existir mayor elogio para un gremio de ballesteros. El simbolismo era perfecto. Sin embargo, ¿pintó Roger van der Weyden las ballestas con esa precisa intención? Por fuerza tenía que ser así: el mérito, especialmente el de la interpretación, siempre debe atribuírsele al artista, a menos que el artista se oponga. En cualquier caso, intuía que Roger van der Weyden sí que deseaba transmitir ese simbolismo. De hecho, parecía como si Roger van der Weyden no hubiera querido arriesgarse a que su brillante idea pudiera pasar inadvertida, ya que llegó incluso a dibujar a Jesús en una postura que sugería intuitivamente la forma de una ballesta, como las 251 wiki

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