LA MUJER QUE LLORA (1937), DE PICASSO 

Así lo hizo Picasso en La mujer que llora 3391, 
un óleo de 1937, pintado apenas unos meses 
después del Guernica. A la izquierda del cuadro, 
Picasso pintó la cabeza de una mujer de larga 
melena azabache, tocada por un elegante 
sombrero rojo adornado con una flor azul. Y a la 
derecha pintó la cabeza de un hombre, cubierta 
por una gorra roja. Las dos cabezas se funden en 
una sola, como si el hombre juntara la suya a la 
de la mujer mientras la abraza por detrás. El 
hombre y la mujer se funden en un solo corazón 
del color azul monocromático de la primera época 
picassiana. Es un corazón roto, con forma de 
pañuelo en la parte que la mujer se lleva hasta su 
boca .que es la de ambos. mientras solloza. El 
amor roto, el desengaño, el amor que día a día se 
consume. El hombre consuela con sus manos a la 
mujer, y ella se lleva las suyas a los ojos, 
desesperada, sin poder cesar el llanto. Las 
lágrimas se confunden con los dedos. Penas de 
amor entre un hombre y una mujer: esta es la 
historia que imaginé pintada en el cuadro. Todo, 
desde la uña más diminuta, estaba contando esta 
historia. Quizá fuera Picasso el hombre, quizá la 
mujer fuera Dora Maar, y quizá el cuadro 

3391 Weeping Woman (1937; óleo sobre lienzo; 60,8 cm × 50 cm), 
de Pablo Ruiz Picasso, Tate Collection (T05010), Reino Unido. 

tate

reflejara un momento de sus vidas. Quizá. La 
página web de la entidad británica custodia de la 
obra .la Tate. era mucho más prudente en la 
interpretación: en su impresionantemente extensa 
y bien documentada descripción admiraba a la 
mujer, pero no veía al hombre, ni al corazón 
atormentado. Hombres que nacen ciegos. 
Hombres desestructurados, que no se ven, por 
haber nacido mujer. 

CRUCIFIXIÓN (1905-1918), DE PICASSO 

La fusión de varios personajes en uno solo 
llega al punto de incluir al propio personaje como 
parte de sí mismo. Esto es lo que parece que 
ocurre en la Crucifixión de 1905-1918. A la 
izquierda de la Crucifixión, Picasso esboza la 
silueta de lo que pudiera ser una mujer, quizá la 
Virgen María, que levanta sus brazos como 
implorando al cielo misericordia. Los brazos de 
esta mujer parecen, a su vez, el torso de otra 
mujer, que imita con sus brazos a la anterior. El 
mismo efecto se da en el Cristo: el dibujo sugiere 
que hay un Cristo dentro del Cristo. El Cristo 
exterior es musculoso, robusto; el interior es 
famélico. Y aún parece haber un tercer Cristo 
dentro del segundo.
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