muerte, la de la barbarie de la guerra, la del 
asesinato indiscriminado, la de la matanza de 
inocentes, la de la injusticia que atraviesa y parte 
en dos el alma. Las madres ascienden con su grito 
por el cuello del caballo, por las escaleras, y 
emergen por la boca del equino fundidas en un 
solo grito, en una sola obra, Madre con niño 
muerto II .obra 25., que también sugiere ojos 
izquierdos del caballo en nuevos fotogramas de la 
«Cabeza de caballo en collage» (15) que tienen 
sus ojos derechos en Estudio para el caballo II 
.obra 20.. Las madres, que portan a sus hijos 
muertos, podrían simbolizar a los medios de 
comunicación y, en general, a toda forma de 
expresión portadora y comunicadora de la 
tragedia, cuando la siente como propia y así la 
hace sentir. 

Y así es como el Legado Picasso de 1981 
vendría a sugerir un gigantesco «Tríptico en 
collage del Guernica» (1). A la izquierda, en pose 
de crucifixión, quedaría el gigantesco caballo 
compuesto por las cuarenta y cinco obras 
anteriores al Guernica. En el centro aparecería el 
Guernica. Y a la derecha quedaría la inmensa 
cruz, formada por quince piedras preciosas, las 
quince obras posteriores al Guernica. A la 
izquierda también se podía situar la esbelta figura 
del toro: la cruz, a la derecha, se transformaría 
entonces en estoque; tríptico (2). Y también podía 
aparecer a la izquierda la figura del minotauro: su

cruz, y su estoque, quedarían a la derecha; 
tríptico (3). 

Los pares de ojos que Estudio para el caballo 
II aporta al caballo crucificado adquieren en este 
contexto su máximo sentido. Muestran el 
sufrimiento provocado por la crucifixión y por la 
espada que se le clava en el costado derecho. 
Otros de estos ojos miran al cielo, como diciendo: 
«¿Por qué me has abandonado?». Otros pares de 
ojos, uno en cada una de las dos obras en la 
cúspide, muestran el final del sufrimiento que 
llega con el último suspiro. Todo, absolutamente 
todo tiene sentido en este fantástico y descomunal 
caballo crucificado, que se eleva en espíritu, que 
cabalga hasta los cielos de la gloria del arte 
llevando en sus lomos a Picasso. 

La figura crucificada es de caballo porque su 
cabeza es de caballo; y es humana porque su 
cuerpo tiene forma humana; y es de toro porque 
el toro también contribuye, con su cabeza e 
incluso con su cuerpo, a darle forma. La figura es 
de caballo, y de hombre, y de toro, e incluso 
divina, por serlo la Crucifixión. 

Tampoco parece ser casual la forma en que el 
espectador ha de recorrer con su vista los zum y 
las secuencias de las 45 obras que componen este 
gigantesco equino. Picasso pudiera con ello estar 
rindiendo homenaje a los primeros sistemas de 
televisión electrónica utilizados para la difusión 
analógica de señales de televisión monocromas.
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