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conocido como Legado Picasso de 1981, Picasso cambió de rumbo hacia el Guernica. En El taller: el pintor y su modelo, Picasso proyectó la realidad del mundo en formas primitivas y simples, como la línea recta, el triángulo, el rectángulo, el círculo… En el arte de pintar, la realidad de un universo cambiante y tridimensional se proyecta sobre la realidad de un soporte estático y plano. Las figuras planas de Picasso sugieren cuadros dentro del propio cuadro, evocan la plana realidad de la pintura, sujeta a la planaridad del lienzo. Una habitación con una silla, una persona y una ventana se convierten en un cuadro de la habitación, en otro de la silla, en otro de la persona y en otro de la ventana. Cada objeto, cada sujeto es un cuadro independiente. El universo se construye de cuadros, de lienzos planos, de vida plana: la calle es un cuadro, cada persona es un cuadro… La realidad en el universo de la pintura consta sólo de cuadros, de imágenes planas que flotan cada cual a su aire. Y entonces estalló la bomba, el 26 de abril de 1937, y todo se mezcló con todo, en el Guernica. La realidad humana, como el espacio físico, parece existir en tres dimensiones: realidad exterior perceptible, realidad interior sensible y realidad conceptual inteligible. La pintura, como proyección que es de la realidad, hereda estas tres dimensiones. El artista niño, fascinado por los

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misterios de la naturaleza, concibe la pintura como una forma de plasmar la realidad exterior perceptible. Cuando el tiempo mitiga la fascinación por la naturaleza, y en niño se hace adulto, siente la llamada de las musas, su realidad interior sensible, lo que produce un nuevo y radical cambió en la concepción del arte. Pero al igual que decae la pasión por la naturaleza, también decae la pasión por las pasiones. Es entonces cuando el artista llega a su plenitud, al poner su arte al servicio del concepto y la inteligencia, de la realidad conceptual inteligible. Y colorín, colorado: la historia de la pintura se ha acabado; porque es entonces cuando el arte se convierte en una prisión, en la que cumple condena el artista. De ahí que el artista contemporáneo se revele, se vuelva loco, e intente con su arte destruir el arte, convencido de que así logrará derribar los muros que le aprisionan y abrir nuevos caminos. Qué insensato. ¿Cómo va el artista a liberarse de la cárcel del arte con el arte? Nunca lo conseguirá. La cárcel del arte es hermética e indestructible. Sólo hay una forma de escapar: renunciando al arte. Pero el artista contemporáneo no quiere renunciar al arte. Harto de toda realidad, el artista se precipita al vacío en un desesperado intento por encontrar una nueva dimensión desde la que poder contemplarla. Y desde el vacío crea sin ver, sin sentir, sin pensar, pues todo lo pierde al autoexiliarse. Y su obra

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