
pene (13) .la cara. ante el testículo: Judas pensó con la polla; el torero sueña con el rabo del toro. Icono de masculinidad y de valor es el torero. Hay que tenerlos bien puestos para plantarse delante de un toro. Picasso, que no parecía desear que este simbolismo pasara inadvertido, construyó una imagen autoexplicativa, que se probaba irrefutablemente a sí misma. Confirmó su simbolismo de forma irrefutable a través de su pintura, sólo y exclusivamente a través de su pintura, con una doble relación cruzada: en la orientación convencional de la obra, Picasso unió la cabeza del toro con el rabo del toro; en la obra puesta cabeza abajo, rotada ciento ochenta grados, Picasso fundió la cabeza del torero con su sexo. Esta relación bastaba para justificar la base que daba pie a los relatos más difícilmente justificables de forma objetiva y que implicaban al toro, al torero, a la mujer y al sexo: la mujer (7) se estremecía de pavor al contemplar a su niño .el sexo de su torero; caramelo en su boca. muerto .por un gatillazo; por impotente.. Picasso pudo elegir no introducir esta relación cruzada y dejar el campo abierto a las conjeturas, pero no lo hizo: Picasso quería que se pudiera comprender su relato y su pintura, fue generoso. Y si obró y no dio explicaciones de por qué obró como obró; y vivió y no dio explicaciones de por qué vivió como vivió fue porque sabía que quien

vive y obra con honestidad no necesita dar explicaciones; porque la explicación es y está en su obra, y en su vida. La belleza y la verdad resplandecen generosas, sólo hay que saber mirar. Picasso soportó la carga de la incomprensión, la furia y acritud de las críticas, la ocultación que de sus obras hicieron los museos por considerarlas indignas y, lo que es aún peor, el alago de quienes no las entendían. Aun así, Picasso no dijo nada: «44[…] El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me envió. 45Y el que me ve, ve al que me envió. 46Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí, no permanezca en tinieblas. 47Y el que viere mis imágenes, y no creyere, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. 48El que me desecha, y no recibe mis imágenes, tiene quien le juzgue: la imagen que he pintado, ella le juzgará en el día postrero» 3259. 3259 Juan 12, 44-50 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Muchos ojos. Muchos puntos de vista. No era ninguna locura el que un cuadro tuviera sentido al ponerlo del revés, cabeza abajo. Ya en siglo XVI hubo pintores que persiguieron explícitamente este objetivo. Así ocurrió, por ejemplo, con el pintor manierista milanés Giuseppe Arcimboldo, muy apreciado por el emperador Maximiliano II. Giuseppe Arcimboldo compuso retratos humanos