
al tallo, por así decirlo. Así lo afirma el Bosco, en El jardín de las delicias, donde el universo es un árbol, donde cada conciencia es una rama, donde cada individuo es fruto de una flor; y también es una fuente, y cada conciencia es un caño, y cada individuo es una gota que pende de su caño. Cuando el fruto cae, cuando la gota cae, cuando el individuo muere, se diluye en la tierra, en el océano de agua. El árbol, como la fuente, dan vida a la vida. La existencia humana nunca contradice ni va en contra de las leyes de la naturaleza: el ser humano, como creación de la naturaleza, siempre cumple con la divina voluntad del universo, divina por su exactitud. Sin embargo, las leyes de la naturaleza sí que contradicen y van en contra de la existencia humana: si bien es gracias a esas leyes que el ser humano nace, también es por esas mismas leyes que el ser humano sufre y muere. Esta es la dualidad que trae de cabeza al ser humano: ¿por qué la naturaleza que me crea me obliga a sufrir y a morir? La respuesta es tan obvia y visible como lo es el Guernica y todos sus relatos. No hay ideal más egoísta .si el deseo es para uno mismo. ni más altruista .si el deseo es para los demás. que el de la vida eterna en el paraíso. El ser humano se aferra .o desearía aferrarse. a este ideal más que a su propia vida. Y no está mal que lo haga: si la naturaleza lo

permite, por algo será. Sin embargo, la vida nos enseña que los paraísos no brotan de los árboles, ni manan de las fuentes: los paraísos, en este mundo, hay que construirlos, y hacerlos cuesta trabajo. En cuanto a la vida eterna .en cuanto a su proyección en este mundo., la lógica dictamina que no se trata de vivir más, sino de vivir mejor, siempre que esto no suponga irradiar más sufrimiento. La naturaleza, siempre sabia, no nos brinda paraísos ni nos da la vida eterna. No nos brinda paraísos porque desconoce nuestros gustos, porque la vida es plural y cambiante. Por eso, lo que sí que nos permite es la construcción de paraísos, dentro de las limitaciones de este mundo. Aplíquese esta solución allá donde sea factible. Aplíquese para todos. Y si la naturaleza no nos da la vida eterna es porque prefiere el eterno reciclaje, y tiene lógica que así sea: que se lo digan a los ayuntamientos. Aplíquese esta solución allá donde sea factible. Ante la imposibilidad natural de determinar qué es lo bueno y qué es lo malo .pues el bien y el mal son relativos a cada individuo., la naturaleza opta por no perpetuar la existencia de los seres a los que da la vida. ¿Hace mal? Todo lo contrario. De crear individuos eternos en este mundo se arriesgaría a perpetuar el mal, y con ello condenar al individuo a sufrimientos sin fin. La solución de la naturaleza a la existencia es fascinante, por perfecta: por una parte, no permite