
de una negra franja bajo la nariz, del mismo corazón del equino, emergía su grito, encarnado en el cuello, cabeza, boca, dientes y lengua de la yegua: el grito de la mujer (49) era desesperado relincho. Picasso confirmaba este simbolismo con el hombre en el suelo, de cuya boca emergía su grito de toro: la considerable distancia existente entre la boca del hombre y el cuello del toro, distancia inexistente entre la boca de la mujer y el cuello de la yegua, indicaba que el hombre ya había expirado. La mujer con el niño abría su boca en grito al otro lado del grito de toro, junto a la boca del toro, interconectando así a estas dos mujeres entre sí, y al hombre con el niño. ¡Fantástico Picasso! Por eso pintó la cola de la yegua a imagen de la cola de caballo que daba forma al pelo de la mujer con el niño. Por eso pintó la cabeza de la mujer (49) clamando al cielo, como la mujer con el niño. Y por eso pintó a la mujer (49) con sus pechos al aire, en las rodillas de la yegua, y arrodillada, como sugería la mujer con el niño, a la vista de otras obras del Legado. Y por eso la mujer (49) compartía con la mujer (1) brazos y pechos, y hasta ojos, oreja y pelo. La mujer (49) abrazaba al hombre en el suelo tal y como la mujer a la izquierda del Guernica abrazaba al niño. El paso del tiempo, simbolizado en el rotar de las manecillas del reloj .las diez y cinco en el reloj (50) del Guernica., transformaba .a la una y veinte, con el rotar del

lienzo. a la mujer y al niño en la mujer (49) y en el hombre en el suelo. La mujer (49) también heredaba el cuerpo .mujer (51). de la mujer agachada ante la puerta. El tiempo. La fotografía. La fotografía detiene el tiempo. Los fotogramas de una película detienen el tiempo. Picasso detuvo el tiempo en el Guernica, detenido a una hora exacta, a las cuatro horas, treinta y cinco minutos, cuarenta y cinco segundos, la hora artística a la que estalló la primera bomba sobre Guernica, la hora a la que murió el primer hombre, al que Picasso encarnó en Cristo crucificado. Por eso había que darle la vuelta al Guernica. Por eso había que ponerlo patas arriba: para ver la hora de la crucifixión que marcan las tres manecillas. Las dos manecillas de madera sugerían los maderos de la cruz que marcaron la hora y el destino de Cristo, encarnado aquí en el hombre. La carne es la cruz del espíritu 3209. «La hora es llegada», le dijo Cristo al Padre 3210 antes de morir en la cruz, a las cuatro y treinta y cinco. Hasta la pequeña y astillada cruz (52) y el astillado tiempo lloraban su muerte, al llorar la astilla madre (53) por su astillada hijita (54). Un pequeño signo de ángulo recto (55) entre las manecillas apuntaba al hombre que fue símbolo de rectitud y que, aun así, fue crucificado. 3209 Mateo 26, 41 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 3210 Juan 17, 1 vatican:[español latín] latinvulgate biblos