eterna, en el otro mundo. Hay que mirar la luz 
que irradian los ojos de los niños cuando sonríen, 
para entender que las guerras no conducen a 
ningún sitio bueno. Como dientes de leche caerán 
las armas a medida que la sociedad vaya 
haciéndose mayor. La niña (47) simboliza la 
esperanza, la depositada en la Virgen María, aún 
niña, pendientes aún de salir los dientes y las 
muelas del juicio final. La niñita se queja: ¡Tierno 
ojito del universo! 3200. 

3200 google 

MADRE CON NIÑO MUERTO IV 

También todo Madre con niño muerto IV 
sugiere una inmensa boca (34) clamando al cielo, 
boca de Madre que bala por su Cordero, boca 
réplica en forma y sentido de la boca explícita de 
la mujer: los edificios y los labios de los animales 
son sus labios; la mujer y el niño son su lengua, 
lengua atrapada, censurada, masacrada, 
decapitada, simbolismo reforzado por la bala. La 
lengua, hecha imagen, se sacrifica: pierde una 
parte de sí para decirlo todo como debe decirse, 
sin pelos en la lengua. Imágenes nunca vistas, por 
su crudeza. Imágenes desnudas, las de la cruda 
realidad. «Nunca vistas las imágenes nunca 
vistas», parece decir Picasso al quitar el papel tela 
del Guernica.

Madre con niño muerto IV sugiere el eco de un 
grito desgarrador en el que Picasso implica a toda 
la creación: «Gritos de niños gritos de mujeres 
gritos de pájaros gritos de flores gritos de madera 
y de piedras gritos de ladrillos gritos de muebles 
de camas de sillas de cortinas de cazuelas…». 
Todo el dibujo es una boca que clama al cielo. Y 
en la punta de la lengua de esa boca hay otra boca, 
más pequeña, que también clama al cielo. Y en la 
punta de la lengua de esa otra boca hay otra boca, 
aún más pequeña, que también clama al cielo… y 
así hasta el infinito. Todas las bocas exclaman la 
misma palabra: «¡No!». Es un no a la guerra. Esta 
es la palabra que la humanidad no encuentra ni 
aun teniéndola en la punta de la lengua, escrita en 
letras enormes y ante sus propios ojos. Picasso 
escribe «¡No!», una y mil veces «¡No!»; ancla la 
«N» al campo de batalla y da mil vueltas a la «O» 
de la desesperación, del sufrimiento, de la 
injusticia… y se deja el alma en cada vuelta. 

«¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooo!», 
grita la madre al abrazar a su hija muerta. Así 
grita la cabeza (35) de embalada nariz y boca 
negra y circular que nace con Picasso, la de 
Simón Bocanegra 3201, que sufre la tragedia de la 

3201 Simon Boccanegra (1857, primera versión; 1881, versión 
revisada), melodrama lírico en un prólogo y tres actos, de 
Giuseppe Verdi (Roncole, 1813 R Milán, 1901), con libreto de 
Francesco Maria Piave y Arrigo Boito, basado en la obra teatral, 
del mismo título, de Antonio García Gutiérrez; estrenado, en su
19 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.google.es/search?q=madrugada+las+cinco+juan+ramon+jimenez 2096 2097 19 -2 -1 -1 +1 +1 +2 2098