interpretación que de una misma realidad se hace 
dependiendo del grupo al que se pertenece. 
Picasso parecía querer que la escena percibida 
desde cada una de las distintas perspectivas fuera 
reflejo del horror y la desgracia que las guerras 
suponen para el ser humano. 

El Guernica era una fuente inagotable de 
sorpresas: si un inmenso triángulo tenía su base 
en el pecho de la mujer con los brazos en alto, a 
la derecha del mural, y apuntaba a la pierna de la 
mujer bajo ella, ante la puerta, otro inmenso 
triángulo salía del pecho del toro, a la izquierda, y 
apuntaba a la cabeza y cuello del caballo. Picasso 
parecía estar hablando en su lengua, como 
diciendo que el cuello y la cabeza del caballo 
también simbolizaban las piernas del hombre en 
el suelo, retomando así el asunto del crucificado 
cabeza abajo, ya presente en la primera ecografía. 
La mujer en llamas y en el aire, cual ave cayendo 
sobre el triángulo, también remitía al ave sobre el 
triángulo de la izquierda. 

Y todavía había más sorpresas, ¡y tanto que las 
había! Picasso pintó cinco manos abiertas a la 
derecha del Guernica, y otras cinco manos 
abiertas a la izquierda. Dos manos derechas se 
cerraban en el centro: la de abajo empuñaba una 
espada y con el brazo dirigía al espectador hacia 
la derecha, la de arriba empuñaba un candil y con 
el brazo dirigía al espectador hacia la izquierda, 
ambas manos en combate horizontal, a distinto

nivel, arremetiendo la una con la espada, desde 
abajo, y la otra desde arriba, con la luz. A todas 
luces, relato político, social, religioso… e incluso 
artístico. Picasso invitaba a recorrer el circuito de 
todas estas manos .y de sus hechos., un 
circuito ovalado como la lámpara, pintado a su 
imagen, con dedos como rayos, lo cual invitaba a 
interpretar todo el Guernica como símbolo del 
ojo (46) de una cabeza, con niña en la de la mujer, 
y entiéndase bien esto, no en la niña de la mujer 
con niña, pues esa niña estaba muerta y no veía, 
sino en la cabeza de la mujer (1), en el centro del 
Guernica. La niña muerta simbolizaba el dicho 
«ojos que no ven, corazón que no siente», 
aplicado aquí al arte, y en particular al Guernica 
y a todo el Legado Picasso de 1981, y en general 
a toda obra de Picasso, e incluso a la vida misma; 
porque, ¿qué ven quienes hacen la guerra? No 
ven la vida, sino la muerte, por tener muertas las 
niñas de los ojos del alma. Alrededor de este ojo 
se disponían los pecados capitales, a imagen del 
Ojo que todo lo ve en la Mesa de los pecados 
capitales 3198, del Bosco, elevado así por Picasso a 
la cúspide de la pirámide simbólica del Guernica, 
obra elevada a su vez a ojo y boca de un 

3198 Mesa de los pecados capitales (finales del siglo XV; óleo 
sobre tabla; 120 cm × 150 cm), de Hieronymus Bosch, Museo 
Nacional del Prado (P02822), Madrid. 

patrimonionacional museodelprado:[obra El Bosco] wiki:[obra 
El Bosco] #ahsBOSCOmesa
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