
El Bosco procedía así para identificar a Dios con el universo, su propio Ojo, que por serlo le daba poder para verlo todo. ¿Cómo si no podía representarse el Ojo que todo lo ve? El universo era el Ojo de Dios, y aún más: era todos sus sentidos, la piel que le vestía y a la que sustentaba, que por eso el panel central, e incluso todo el tríptico abierto, daba forma a una inmensa cabeza (1), la de Dios. Según El jardín de las delicias, el universo es el «veissel», el Santo Grial que guarda la sangre derramada de Cristo, de un Cristo que es luz, que es materia, que es energía, como así lo sugiere el misterio de la Santísima Trinidad: «Ita Deus Pater, Deus Filius, Deus Spiritus Sanctus. Et tamen non tres dii, sed unus est Deus», «De manera que es Dios el Padre, es Dios el Hijo, es Dios el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios», decía San Atanasio 3131 en su Credo. La energía de la interpretación surge al poner la materia humana ante el cuadrado de la luz, hecho tríptico. He aquí el E=mc2 del arte. ¿Cómo hubiera podido el Bosco expresar a través de la pintura que Dios lo es todo y todo forma parte de Dios, sino recurriendo al panteísmo? En El jardín de las 3131 San Atanasio (Alejandría, hacia 293 R Alejandría, 373), contrario a las tesis del Arrianismo, acudió al Concilio de Nicea como diácono, acompañando al obispo de Alejandría, del que sería sucesor en el año 328, manteniendo el cargo hasta su muerte. aciprensa britannica google:traductor wiki

delicias, Dios Padre se hacía explícito en el exterior del tríptico; Dios Hijo, en el interior; y Dios Espíritu Santo, en el entendimiento que descendía sobre los hombres para ayudarles a entender la obra del Creador. Pero Dios también es la Palabra, y de ahí que además se pudiera leer en el tríptico del Bosco otro Credo, anterior, el Credo apostólico: «Credo in unum Deum», creo en un único Dios, el único Dios que aparecía sobre el tríptico cerrado; «Patrem omnipotentem», Padre omnipotente; «factorem caeli et terrae», creador del cielo y de la tierra; «visibilium omnium et invisibilium», creador de lo visible y lo invisible, como invisiblemente visibles eran las claves que el Bosco repartía por su tríptico, incluido el rostro (1) de Dios, en el panel central; «Et in unum Dominum Jesum Christum», creo en un solo Señor Jesucristo, el que aparecía en el panel izquierdo del tríptico, símbolo tanto de Dios Padre como de Dios Hijo, pues fue el mismo San Atanasio quien defendió en el Concilio de Nicea que el Hijo de Dios era ontológicamente igual al Padre, ambos el mismo Dios, pues Padre e Hijo tenían la misma substancia, y ambos eran eternos; «Filium Dei Unigenitum, de Patre natum ante omnia saecula», Hijo Unigénito de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos, como así lo interpretaba el Bosco situando a Jesucristo en el panel izquierdo, equiparándolo al Dios Creador, el del Génesis, tomando del brazo sólo a