esféricas huecas, abiertas al exterior a través de 
un orificio circular. Uní con una línea recta el 
centro de los dos orificios, lo que ya de por sí 
contaba una historia, por lo de unir orificios y por 
las explícitas escenas de ámbito sexual pintadas 
en ellos. En mitad de la línea encontré una escena 
que corroboraba el simbolismo codificado en las 
fuentes: la escena mostraba a una persona cabeza 
abajo, apoyada con sus brazos sobre una base 
esférica, rechoncho cuerpo de un pájaro de 
alargado pico y aún más alargada lengua. Un 
grupo de hombres soportaban el esférico cuerpo: 
la mitad de ellos estaba de pie y mantenían el 
esférico cuerpo sobre sus brazos y cabezas; la 
otra mitad aparecía cabeza abajo y sostenían con 
sus pies el esférico cuerpo del pájaro. Quizá la 
posición encerrara un ingenioso simbolismo, el 
del bien y el mal: los hombres colocados cabeza 
abajo sugerían por su postura al ángel caído, e 
incluso al Adán del que hablaba San Pedro, y por 
tanto serían un símbolo del mal; la otra mitad 
aparecían de pie, orientados en la posición 
correcta, por lo que serían un símbolo del bien. 
Buenos y malos soportaban el mundo. ¿Quiénes 
impedían el avance del mundo para bien, sino los 
malos? Y, ¿quiénes impedían el avance del 
mundo para mal, sino los buenos .razón por la 
que también era posible suponer la interpretación 
contraria.? Justo detrás de esta escena, un varón 
imitaba una crucifixión cabeza abajo, colgado de

una rama, lo que me recordó la crucifixión de los 
Hechos de Pedro. 

Una vez aceptadas las dos fuentes como 
símbolos de figuras cabeza abajo, no suponía un 
gran esfuerzo adicional suponer que sus bases 
simbolizaban los pensamientos de tales figuras. 
La idea ya la sugería explícitamente el Bosco al 
situar en el panel izquierdo, entre las dos fuentes, 
la inmensa y rocosa cabeza (9) de la que nacía el 
árbol del conocimiento del bien y del mal. El 
conocimiento o el pensamiento incorrecto, débil a 
la tentación, pecaminoso, el pensamiento sobre el 
que la figura orientada cabeza abajo sustentaba su 
vida, cobraba de esta manera todo su sentido 
pictórico. Colocar una figura cabeza abajo podría 
dar a entender que piensa con los pies. Pues bien, 
la línea que unía los pies de las dos figuras cabeza 
abajo, es decir, la línea que unía las cúspides 
puntiagudas de las dos fuentes, pasaba .amén de 
por la cabeza del pantocrátor (53). por los pies 
de una persona cabeza abajo, a imitación de las 
fuentes, sustentada por pensamientos ajenos, por 
apoyar su cabeza en la cabeza de una persona 
sentada sobre un gigantesco y pétreo champiñón. 

La intriga me llevó a retomar la lectura de los 
Hechos de Pedro. Crucificado cabeza abajo, aún 
con vida, Pedro proseguía su discurso 
refiriéndose a su pose, símbolo del primer 
hombre: «Y por eso os digo, amados míos, a 
vosotros que me escucháis y a los que me
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