así unió el Bosco .con una recta vertical, 
dirigida a los cielos. a Adán con el mono, y a 
Eva con la jirafa. Lo que a primera vista parecía 
un composición llena de inocencia albergaba en 
realidad un entretejido conjunto de complejas 
ideas de composición diseñadas para dar sentido a 
toda una obra maestra pintada hace quinientos 
años. 

Pero el Bosco fue un paso más allá. Aunque no 
parecía agrupar a todos los animales por su 
género real, sí que parecía hacerlo por su género 
subjetivo, atendiendo a la masculinidad o a la 
feminidad aparente. Y así colocó a los primeros 
sobre la vertical de Adán, y a los segundos sobre 
la vertical de Eva. Sobre Adán, a la izquierda de 
la fuente, aparecían el unicornio, el toro, el 
elefante, el mono… Y sobre Eva, a la derecha de 
la fuente, aparecían la jirafa, los conejos, el 
puercoespín, la jabalina con sus crías… e incluso 
el tropel de alimañas que parecían nacer del agua 
rumbo a la cueva bajo el árbol de conocimiento 
del bien y del mal. El Bosco se ciñó al Génesis: 
identificó lo femenino con el pecado original y lo 
situó a la derecha del panel, para con ello sugerir 
la destrucción de ese pecado en el panel del 
Apocalipsis, a la derecha del tríptico. Era sólo un 
recurso de estilo; pero potenciaba la 
interpretación del conjunto. 

Tanto la fuente del panel izquierdo como la 
fuente del panel central se apoyaban en bases

esféricas huecas, abiertas al exterior a través de 
un orificio circular. Uní con una línea recta el 
centro de los dos orificios, lo que ya de por sí 
contaba una historia, por lo de unir orificios y por 
las explícitas escenas de ámbito sexual pintadas 
en ellos. En mitad de la línea encontré una escena 
que corroboraba el simbolismo codificado en las 
fuentes: la escena mostraba a una persona cabeza 
abajo, apoyada con sus brazos sobre una base 
esférica, rechoncho cuerpo de un pájaro de 
alargado pico y aún más alargada lengua. Un 
grupo de hombres soportaban el esférico cuerpo: 
la mitad de ellos estaba de pie y mantenían el 
esférico cuerpo sobre sus brazos y cabezas; la 
otra mitad aparecía cabeza abajo y sostenían con 
sus pies el esférico cuerpo del pájaro. Quizá la 
posición encerrara un ingenioso simbolismo, el 
del bien y el mal: los hombres colocados cabeza 
abajo sugerían por su postura al ángel caído, e 
incluso al Adán del que hablaba San Pedro, y por 
tanto serían un símbolo del mal; la otra mitad 
aparecían de pie, orientados en la posición 
correcta, por lo que serían un símbolo del bien. 
Buenos y malos soportaban el mundo. ¿Quiénes 
impedían el avance del mundo para bien, sino los 
malos? Y, ¿quiénes impedían el avance del 
mundo para mal, sino los buenos .razón por la 
que también era posible suponer la interpretación 
contraria.? Justo detrás de esta escena, un varón 
imitaba una crucifixión cabeza abajo, colgado de
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