cada uno de los ingredientes de su suculenta 
cazuela. Sabe que tiene que ofrecer la receta 
exacta de su guiso para que el comensal pueda 
cocinarlo por sí mismo y disfrutar de su 
degustación tanto como el propio artista lo hizo 
elaborando la novedosa receta. También sabe que 
tiene que proveer al espectador con todo tipo de 
claves autoexplicativas, irrefutables ante los ojos 
de cualquiera. Y el método que elige para lograr 
su objetivo es el de representar, a través de los 
símbolos que tienen en común, asuntos y relatos 
complejos y dispares, de manera que la 
concurrencia abrumadora de símbolos y la 
coherencia de los relatos haga patente la 
intencionalidad del autor y convierta en nula la 
probabilidad de lo casual. 

Dos escudos justifican la escena futbolística del 
penalti y la interpretación histórica referente a 
Alfonso XIII. La etimología y los tropos .que 
acabarán trasladándose en su acepción 
escatológica al Guernica. unen el balón con la 
bala, y el fusilar del fútbol con el de la guerra. La 
portería de fútbol pasa a ser el portal de Belén, 
introduciendo así la escena del Nacimiento, que 
Picasso modifica para adaptar a una tragedia 
imposible, asociada a la historia de Herodes. De 
aquí se enlaza con el nacimiento de los hijos de 
Picasso, y con la historia de sus tres mujeres, en 
la que Dora Maar interpretaría el papel de 
Herodes, el tirano rey de Judea .lo real y los

reyes permean Madre con niño muerto IV.. 
Picasso refuerza la temática del portal de Belén 
introduciendo al buey y a la mula transformados 
en toro y yegua, los mismos animales que 
llegarán al Guernica para ejemplificar la tragedia 
de la fiesta taurina. Fútbol y toros. Así viaja 
Picasso, de un campo a otro, del verde césped a 
los prados verdes, y de allí al albero. Y así reza el 
subconsciente colectivo, que encarna en el fútbol 
y en los toros, en esas dos aficiones, el ideal de la 
fiesta, fiesta que Picasso transforma en tragedia. 

Picasso no pudo ser más explícito. Buscó y 
encontró un método que le permitía dar rienda 
suelta a su portentoso talento artístico, hasta 
incluso sublimarlo, y al mismo tiempo expresar a 
través de la pintura su complejo universo 
intelectual, y a este método subordinó la estética, 
que llegó a ser minimalista y tan extraña por 
necesidad, para dar cabida al máximo común 
divisor de tantas y tan brillantes ideas, pero 
también por gusto, porque lo uno no quitó que la 
pura estética también condujera por momentos el 
proceso creativo e incluso lo gobernara. Así fue 
como el contenido dictó la apariencia del 
continente, y el continente la del contenido. Fue 
la idea y el espíritu el que dictó la frase. Las 
apariencias engañan. «Mis cuadros .dijo 
Picasso. han sido pintados para hacer funcionar 
la imaginación de los hombres; pero no ha 
funcionado». Picasso subestimó su ingenio.
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