cuerpo inerte de su rey es cuando el capitán 
castellano Diego Ordóñez acusa y reta a Zamora, 
la plaza de la que por lealtad salió el asesino, y a 
la que volvió tras culminar su traición. Según se 
glosa en el Cantar del Cerco de Zamora, el 
anciano conde zamorano Arias Gonzalo, herido 
en su honor, acepta el reto, pero Doña Urraca 
.la hermana de Sancho II que heredó Zamora de 
su padre, Fernando I. no le permite luchar. En 
su lugar, y con dolor, Arias Gonzalo se ve 
obligado a enviar a sus hijos. Pedro Arias es el 
primero en entrar en el palenque para enfrentarse 
a Diego Ordóñez. La lucha es a muerte. Pedro 
Arias resulta malherido: 

 

quiso ferir á Don Diego, 

mas acertó en el caballo; 

 

que la sangre que corría 

la vista le había quitado. 

Cayó muerto prestamente 

Pedro Arias el Castellano. 

 

Diego Arias, el segundo hijo, continúa la lucha; 
pero también muere. Moralmente hundido, con 
lágrimas en los ojos, el conde Arias Gonzalo 
envía a su tercer hijo: 

 

[…] «Vé, mi hijo amado,

haz como buen caballero 

á lo que eres obligado. 

Pues sustentas la verdad, 

de Dios serás ayudado.» 

 

Hernando Arias, el tercer hijo, entra en el 
palenque. La batalla continúa. Hernando Arias es 
malherido en el hombro y en el brazo. Antes de 
caer muerto, hiere al caballo de Diego Ordóñez, 
que sale desbocado del palenque. Así acabó la 
batalla. 

 

Sembrado está el duro suelo 

de la sangre zamorana […] 

 

Sembrado está el duro suelo 

de las piezas de las armas […] 

 

Y aun el animoso Ordoñez 

volver quiere á la batalla […] 

 

El viejo Arias armado 

furioso empuñó la lanza […] 

 

«Pues la sangre, ardiente joven, 

crudo lobo, no te harta, 

mata tu sed con la mía, 

de un viejo que te desama. 

 

Que yo beberé la tuya,
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