también llamada España, asomaba su cabeza el 
hombre. Por la ventana de esta casa, de tan baja 
altura de miras, de tan estrechos muros, que le 
ahogaba, en la que no cabía, de la que le echaban, 
por la ventana, asomaba su cabeza el hombre, 
como en una cárcel, entre los barrotes, entre los 
grilletes, para respirar y alzar su grito al cielo. 
Hasta las narices estaba la casa, de este hombre, 
tan colgado, en el árbol (2) del ahorcado, de 
Guernica, por su casa. La casa (3), y con ella 
todos los de la casa, alineaban sus ciegos ojos y 
sus mudas bocas, veían y decían lo mismo, salvo 
el hombre, que ya no era de la casa; porque la 
casa ya no comulgaba con él, tan solo le sacaba la 
lengua y le daba de lado, por más que luego 
llorara la tragedia, en el tejado (4). En el árbol, 
los pájaros eran ojos, de Horus (5), en la cúspide 
de la pirámide; y eran yin y yang (6) en las 
narices. El fruto del árbol era la palabra, pues era 
boca y oído (7); y también era vista con gusto en 
el árbol de los sentidos. Los brazos, aparte: las 
manos, cortadas. Permitido ver, oír, hablar e 
incluso oler; pero no tocar. Lema de museo. 
Censura sexual. Así lo confirmaba la mujer 
cayendo a la derecha del Guernica, que ni pintada 
a imagen y semejanza de Hombre cayendo. Así lo 
confirmaban las manos, censuradas en Hombre 
cayendo. 

El fruto, de perímetro circular, y la línea recta y 
descendente del tejado de la casa, al Este,

sugerían una manecilla de reloj (8). La otra 
vertiente sugería la otra manecilla, desencajada, 
como el hombre, ya sin tiempo. Esta aguja fue la 
que perdieron quienes perdieron el tiempo 
retozando en el pajar de las imágenes. Y esta 
aguja es la que ahora encontrarán, cuando se les 
atragante como una espina. La manecilla en la 
vertiente derecha era boca y lengua afilada, 
espada de Dios (9) en el Apocalipsis, al fin de los 
tiempos: sus ojos y oído izquierdo se sugerían 
puntuales con las lágrimas del ojo de la derecha, 
ojo de su conciencia. Imposible no pensar en El 
jardín de las delicias, del Bosco, en la figura 
hueca y en los dos gigantescos cuchillos. Con su 
cuerpo de tronco y sus brazos en copa sostenía 
este Dios (9) la cabeza de este hombre, símbolo 
de este mundo de sufrimiento y de muerte, 
símbolo de un mundo que nos trae de cabeza, tan 
lleno como está de cargas e injusticias, de 
hipotecas y desahucios. Es en este mundo en el 
que el hombre se acaba topando con Dios, con un 
Dios que parece dormido ante las injusticias, cual 
Zeus hecho toro durmiente; y por eso clama y 
reclama al cielo, en un desesperado intento por 
despertarle 2956. 

2956 Éxodo 22, 22-27 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 

La cabeza del barbudo hombre de largo cuello, 
en la mitad superior de Hombre cayendo, miraba 
hacia arriba con una expresión y en una
18 -2 -1 -1 +1 +1 +2 1931 1931 1931 1931 1931 1931 18 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.biblegateway.com/passage/?search=exodo%2022&version=NVI http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__P22.HTM http://www.vatican.va/archive/bible/nova_vulgata/documents/nova-vulgata_vt_exodus_lt.html#22 http://www.latinvulgate.com/lv/verse.aspx?t=0&b=2&c=22 http://biblos.com/text/exodus/22-22.htm 1932 1932 1932