sencilla parecía su composición y evidentes los 
personajes y elementos, todo en comparación con 
las obras precedentes. 

Si bien, a diferencia de la mayoría de sus 
antecesoras, Estudio de composición para 
Guernica IV sí admitía ser descrita someramente 
con palabras, difícilmente se podría lograr en la 
vida real que los personajes posaran como aquí lo 
hacían, tanto por su naturaleza animal como por 
su entrelazamiento espacial. 

En Estudio de composición para Guernica IV, 
un soldado con tintes de picador aparece tumbado 
boca arriba en el suelo, todo a lo largo, la cabeza 
en el lado derecho, los pies en el izquierdo. Tiene 
los ojos cerrados, como si estuviera muerto, y una 
larga lanza en la mano. Delante de él, un caballo, 
o yegua, se arrodilla, también a lo largo, 
orientando su cuerpo hacia la derecha. El caballo 
estira su cuello y clama al cielo. En el vientre del 
caballo se ve una llaga de la que emerge hacia la 
izquierda un pequeño caballo alado. Tras el 
hombre y el caballo un sereno toro posa 
mayestático, de pie sobre sus cuatro patas, 
orientado hacia la izquierda. Los tres personajes 
entrelazan sus extremidades en un palmo de 
terreno. He aquí el problema de las Españas: 
¿cómo van a ponerse de acuerdo para convivir un 
toro, un caballo sin peto y un torero, en una 
corrida de toros? El cuello del caballo divide el 
dibujo del toro en dos. El rabo del toro se sitúa a

cierta distancia sobre la cabeza del soldado. En la 
mitad derecha, detrás de todos estos personajes, 
hay un edificio en tres estructuras, o tres edificios 
adosados, cada cual con su ventana. De la 
ventana central, que es el doble de ancha que las 
otras dos, emerge la cabeza y el brazo derecho de 
un personaje con marcados pechos de mujer: su 
brazo derecho sostiene un candil; su brazo 
izquierdo aparece en alto. 

Todo es toro, hasta el rabo, en el lenguaje 
hecho imagen, de Picasso. La fecha en número 
romanos parece ser un juego de números, por 
serlo de palabras, por apuntar precisamente a eso, 
a los números romanos, es decir, a las 
escabechinas que montaban los romanos en sus 
circos. 

También en esta obra intuí interesantes relatos; 
pero dejé su análisis para más adelante.
18 -2 -1 -1 +1 +1 +2 18 -2 -1 -1 +1 +1 +2