imaginación del que los observaba, había acabado 
teniendo la impresión de que no estaba logrando 
su objetivo. 

En un comentario referente a la novela La obra 
maestra desconocida, de Balzac, Picasso dijo de 
un amigo de Poussin llamado Pourbus: «pintaba 
lienzos que se han vuelto indescifrables a fuerza 
de trabajo». La reflexión me hizo hasta gracia: 
Picasso parecía haber aplicado esa misma 
máxima al Guernica. «En la pintura todo es signo. 
Por eso, lo que cuenta es la cosa representada por 
el signo y no el procedimiento», dijo en otra 
ocasión, de todo lo cual podía intuirse la 
importancia que para Picasso tuvo lo 
representado por los personajes del Guernica. 
«Yo veo las cosas de otra manera. Una palmera 
puede convertirse en caballo. Don Quijote puede 
entrar en RLas Meninasr», comentó Picasso, lo 
que de nuevo me daba pie a pensar en la 
metamorfosis, no solo en la obra homónima de 
Ovidio, sino también en la que Picasso imponía a 
los personajes del Guernica. «Pero lo que me 
parece es que la gente ya no entiende las 
intenciones. Ya no saben apreciar la calidad de 
una línea que se desvía al encontrar otra», dijo 
Picasso, tirándonos cariñosamente de la oreja. 
¿Cómo se iban a apreciar esos detalles si 
carecíamos de maestros que nos ayudaran a 
entenderlos?

ZEUS Y EL RAPTO DE EUROPA 

La lengua del caballo en el Guernica era 
triangular y blanca, similar a los rayos de luz que 
brotaban del semióvalo inferior de la lámpara que 
alumbraba justo encima. Hasta la forma ovalada 
de la boca remitía a la de la lámpara. Estos dos 
detalles facilitaban la conexión del caballo con 
Pegaso, ya que era misión de Pegaso llevar a 
Zeus los rayos y los truenos. El caballo del 
Guernica parecía lanzar uno de esos rayos hacia 
el toro, lo que tendría aún más sentido si el toro 
representara a Zeus, algo que de hecho ocurría en 
la mitología griega, en el mito del rapto de 
Europa, también descrito en las Metamorfosis. El 
relato mitológico se entrelazaba cuánticamente 
aquí con el político. Júpiter, Horus con forma de 
toro del zodiaco egipcio de Dendera 2848, Zeus 
guardián del orden y la justicia para los griegos, 
se transformaba en este mito en un toro blanco 
coronado por jazmines, un toro que no inspiraba 
temor, sino un sentimiento de protección y 
confianza, todo con el fin de incitar a la bella 
Europa a subir a sus lomos. Fue entonces cuando 
se produjo el rapto y Zeus se llevó a Europa a 
Creta. 

2848 Le Zodiaque de Dendéra (50 a. C.) del Templo de Hathor en 
Dendera hoy en Département des Antiquités égyptiennes (núm. D 
38), Musée du Louvre, París. 

louvre
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