obligaba a ignorar lo que ya sabía, y no me 
permitía describir el dibujo más que a un primer 
nivel de significación, algo que incluso llegaba a 
resultar tarea imposible en ciertos casos, si se 
renunciaba al conocimiento completo del Legado. 
Pretender llegar al motivo que dio origen a estas 
primeras obras basándome solo en su contenido 
hubiera sido excesivamente pretencioso. Además, 
tampoco se podía descartar que ideas explícitas 
en ciertas obras pudieran haber inspirado obras 
anteriores, donde aparecerían sólo de forma 
incipiente, apenas perceptible, como meros 
apuntes. Muchas son las ideas en la mente de un 
artista: el orden en el que nacen al mundo 
material, el orden en el que se proyectan en sus 
obras, no tiene por qué corresponderse con el 
orden en el que nacen en su mente. Todas estas 
razones me movieron a optar por la segunda 
alternativa. 

Me sorprendió que en este primer dibujo ya 
aparecieran referenciados casi todos, si no todos, 
los personajes del Guernica. Picasso había 
dibujado incluso una casa. El personaje asomado 
a la ventana sugería ya su pose final, con el brazo 
extendido y el candil en la mano. Bajo él, se 
intuía la figura de su homólogo en el Guernica, el 
que ocupaba el lugar de Nicodemo en El 
Descendimiento. La mujer con el niño muerto en 
el Guernica yacía aquí en el suelo, con la cabeza 
en el extremo izquierdo, junto a unos trazos que

quizá fueran los del niño, ambos a los pies del 
toro. Los cuartos delanteros y la cabeza del toro 
sugerían una figura humana, quizá apuntando ya 
a la figura de Juan en El Descendimiento. Con el 
caballo ocurría algo parecido, aunque lo cierto es 
que resultaba imposible ver en lo dibujado un 
caballo, salvo quizá por el hocico: más bien, la 
figura parecía una persona con el brazo izquierdo 
en alto. Tanto el dibujo del caballo como el del 
toro daban la impresión de fundirse con figuras 
humanas. Esta identidad dual, por humana y 
animal, permitía conectar esta escena tanto con la 
de El Descendimiento como con la de la 
Adoración, en el Altar Columba, obras las dos de 
Roger van der Weyden. Bien pudiera ser que 
Picasso le estuviera dando vueltas, ya desde este 
primer momento, a la representación humana que 
requería la escena de El Descendimiento y a la 
representación animal que requería la escena del 
Altar Columba. 

En este primer dibujo, Picasso había trazado un 
semicírculo con centro en el centro del dibujo. La 
otra mitad del círculo quedaba puntualmente 
sugerida por la posición de las cabezas del 
hombre en el suelo, del caballo y del personaje 
bajo el candil. Este círculo, que no solo contenía a 
estos tres personajes, sino que además situaba su 
centro en el hombre en el suelo, me recordó la 
composición circular que Roger van der Weyden 
había utilizado en El Descendimiento, donde este
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