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Bosco al Museo del Prado. Las copias» 2821. Ojeé el «Catálogo» 2822. Analicé atentamente las «Reflexiones en torno al significado de El jardín de las delicias» 2823. Abordé con curiosidad «El estudio técnico de El jardín de las delicias» 2824. Tomé algunos datos sobre «Los materiales de El jardín de las delicias del Bosco: estudio para la restauración» 2825. Y adquirí cierta idea de en qué había consistido la «Restauración del tríptico de El jardín de las delicias» 2826. Sin embargo, por más que busqué en todo el catálogo, nada hallé que hiciera referencia ni a lo que yo veía en el tríptico ni a la interpretación que yo le daba. Por alguna razón, mi cerebro parecía reconocer o imaginar formas y relaciones en El jardín de las delicias que los que allí escribían no parecían capaces de imaginar o reconocer, si bien sus ojos veían bastante más que los míos, que no podían acercarse al tríptico, ni traspasar la imagen visible en busca de rectificaciones ocultas. 2821 «El jardín de las delicias: del taller del Bosco al Museo del Prado. Las copias», de Pilar Silva Maroto, pp. 11-31. 2822 «Catálogo», pp. 33-47. 2823 «Reflexiones en torno al significado de El jardín de las delicias», de Joaquín Yarza Luaces, pp. 49-69. 2824 «El estudio técnico de El jardín de las delicias», de Carmen Garrido y Roger van Schoute, pp. 71-97. 2825 «Los materiales de El jardín de las delicias del Bosco: estudio para la restauración», de Enrique Parra Crego, pp. 99-105. 2826 «Restauración del tríptico de El jardín de las delicias», de Rocío Dávila y María Teresa Dávila, pp. 107-125.

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En este punto, a la una de la tarde, di por concluida mi visita a la Biblioteca Nacional. Devolví el catálogo, recogí mis papeles, bajé a la cafetería restaurante y, después de almorzar, abandoné esta biblioteca para dirigirme a la otra, la del Museo Reina Sofía, donde a las cinco había quedado con Marianne. EN EL REINA SOFÍA EN LA BIBLIOTECA Eran las dos de la tarde cuando entré en la biblioteca del Reina Sofía. Al descender por las angostas escaleras de madera de jatoba me sentí cual humano bolo alimenticio transitando por un esófago de contracciones escalonadas hacia el gigantesco estómago de la sala de lectura, repleto de glándulas segregadoras de libros gástricos dispuestos a ayudar a digerir conceptos y a disolver prejuicios para generar el nutritivo quimo lleno de ideas novedosas que más tarde, en su tránsito por los intestinos de la vida, serviría de alimento al cuerpo de la sociedad, y de sanación a las naciones. La sala, paradójicamente, solía vaciarse a la hora de comer, según me comentó una bibliotecaria: sólo había tres lectores, los tres enfrascados en sus libros. Al preguntar por el catálogo de Zervos, la bibliotecaria me comentó que desde esa misma mañana ya se podía consultar la versión digitalizada del catálogo a

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