Luego se sigue en el Quadro aquello en que se ocupa 

el hombre desterrado del Parayso, y puesto en este mun- 

do: y para significarlo, fundándose ingeniosamente en 

aquel lugar, que diximos de Isaías: Toda carne es heno, y 

toda su gloria como flor del campo: pinta vna Florecilla, 

y Frutilla, de estas que llamamos Fresas, que son como 

vnos Madroños pequeños, que en algunas partes llaman 

Mayotas, que apenas se gustan quando se acaban, que es 

propio de los bienes humanos: ya los hombres empeña- 

dos en solicitar essa gloria: ya con este vicio: ya con el 

otro, imitando a los Brutos en su proceder, y haziendose 

por la soberuia Leones, por la vengança Tigres, por la lu- 

xuria Puercos, por la tirania Pezes, por la vanagloria Pa- 

uones, por la sagacidad Raposas, por la gula Lobos, y 

otras semejantes transformaciones, y metamorfosis, so- 

lo por vn fin tan apocado, y tan vil, como es el gusto de 

vna sensualidad, de vna honrilla, de vna apariencia, y esti- 

ma, que à semejança de vna Fresa apenas llegan al paladar, 

ni à mojar la boca quando faltan, y como el olorcillo de 

sus flores, se desvanecen. No puede auer cosa mas inge- 

niosa, ni de mayor primor en la estrañeza de lo que aqui 

representa. 

 En la otra Puerta del Quadro pinta el paradero, y fin 

miserable de estas ocupaciones, y vicios de los hombres. 

El que toda su felicidad ponia en la musica, en danças, en 
juegos, en caças, en galas, en mandos, en riquezas, en hy- 

pocresias, vè trocadas essas cosas en el infierno, con vnas 

contraposiciones rarissimas, y espantosas; y aquel gusti- 

llo breue, conuertido en rabia eterna. Todo el mundo 

auia de estar lleno de los traslados de esta Pintura, para q' 

se viesse en ella, que los disparates, no son fingidos de Bos- 

co, sino sacados del Original de los hombres, por cuyo 

anterior passan tales locuras, accidentes, y formas, que so- 

breponen, y edifican sobre este ser humano con sus ma- 

los habitos, costumbres, y inclinaciones.

Tras el estallido de la Guerra Civil, El jardín de 
las delicias sufrió la misma suerte que El 
Descendimiento, de Roger van der Weyden, y 
tuvo que abandonar El Escorial rumbo al exilio. 
En 1939, una vez finalizada la contienda, el 
tríptico regresó a España; pero no a su real 
estancia en El Escorial, sino a una modesta 
habitación en el Museo del Prado, que ha venido 
a ser su residencia desde entonces. 

De junio a septiembre del año 2000, y con 
motivo de la restauración de El jardín de las 
delicias, el Museo del Prado realizó una 
exposición especial en torno a este tríptico del 
Bosco, exposición que tituló El jardín de las 
delicias del Bosco: copias, estudio técnico y 
restauración 2819, 2820. Como el catálogo de la 
exposición solo estaba disponible en la sala Goya, 
hasta allí me tuve que ir a consultarlo. Al llegar, 
rellené y entregué una ficha con los datos del 
catálogo y al cabo de unos minutos me lo trajeron 
a la mesa. Leí por encima el primer capítulo, 
titulado «El jardín de las delicias: del taller del 

2819 El jardín de las delicias del Bosco: copias, estudio técnico y 
restauración (del 23 de junio al 10 de septiembre de 2000, 
exposición), Museo Nacional del Prado, Madrid. 

museodelprado 

2820 El jardín de las delicias del Bosco: copias, estudio técnico y 
restauración (2000; ISBN 848731791X; catálogo de exposición), 
Museo Nacional del Prado, Madrid. 

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