ojo, bien como Cristo resucitado, en la Mesa de 
los pecados capitales, bien como pantocrátor, en 
el panel central de El jardín de las delicias. El 
Escorial se hacía eco de esta relación 
encadenando en secuencia el Santísimo 
Sacramento, la Crucifixión en el ático del retablo, 
y El Escorial como símbolo de Cristo entronizado 
en Majestad, identificando así lo más diminuto 
con lo más grande. También se podía apreciar 
esta relación en el Patio de los Evangelistas, 
símbolo del pantocrátor y su tetramorfos, y de 
Cristo rodeado por los cuatro evangelistas, 
símbolo, por tanto, de la Gloria: la escena central 
del Patio de los Evangelistas representaba, a 
escala reducida, la simbología de la figura de 
Cristo entronizado en Majestad, a la que daba 
forma todo el Monasterio de El Escorial. De 
hecho, el templete con los Evangelistas .situado 
en el centro de cuatro pequeños estanques 
cuadrados. parece replicar el espíritu de la base 
del altar mayor, donde aparece el sagrario que 
alberga la custodia del Santísimo Sacramento, 
escoltado a ambos lados por los cuatro primeros 
doctores de la Iglesia latina: San Ambrosio, San 
Jerónimo, San Agustín y San Gregorio. 

Los Cuartos Reales, en el Palacio de los 
Austrias, sugieren la cabeza del Cristo 
entronizado en Majestad. Fue aquí donde Felipe 
II, rey de Jerusalén, tuvo sus aposentos y su lecho 
de muerte, desde el que pronunció sus últimas

oraciones, que muy bien pudieron llegar al oído 
del Señor. El colegio, al noroeste, y la parte del 
claustro que da a poniente, unidos ambos por el 
Patio de Reyes, dan forma a la mitad inferior del 
trono sobre el que se asienta el arquitectónico 
Cristo. Todo en El Escorial tiene un sentido, 
como lo tiene la pintura del Bosco o la de Picasso. 
Todo en El Escorial puede interpretarse a partir 
de la idea de que toda la fábrica da forma a la 
figura pétrea de Cristo entronizado en Majestad, 
como de jaspe y de sardio en el Apocalipsis. La 
funcionalidad de las estancias, o las obras de arte 
que albergan, adquieren en este nuevo marco 
interpretativo un sentido espiritual que las 
trasciende. Hasta la famosa silla de Felipe II 
.fuera o no esculpida para tal fin. se dejaba 
querer como símbolo precursor del pétreo trono. 

Lógico que Felipe II se sintiera en la Gloria en 
el interior de El Escorial. A cada paso que daba, 
Felipe II sabía exactamente en qué parte de la 
figura de Cristo entronizado en Majestad se 
encontraba. La fuerza espiritual de esta 
concepción arquitectónica debió de parecerle 
insuperable. 

 Y así, de insuperable, podía calificarse la 
descripción que fray José de Sigüenza hizo de la 
obra del Bosco y, en particular, de El jardín de 
las delicias, descripción extensa, situada en un 
lugar privilegiado de su Tercera parte de la 
Historia de la Orden de San Jerónimo, cerrando
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