que confirma bien estos fauores diui- 

nos. La primera, que tornandole à dar 

don Fernando de Toledo, la cadela de 

nuestra Señora de Monserrate, à las 

tres de la mañana, alçò el Rey los ojos, 

y le mirò riendosele, y tomándosela 

de la mano dixo: Dadla acà que ya es 

hora […] 

 La otra fue, que luego à hora y 

media antes que espirasse, tuuo vn pa- 

raxismo (no se si lo llamemos ansi) tan 

grande, que todos entendieron que a- 

uia ya acabado. Y estando tristes, y der 

ramando lagrimas, subitamente abriò 

los ojos con vna viueza estraña, y los 

puso en el crucifixo que tenia don Fer- 

nando en las manos: que era aquel de 

su padre. alargò la mano y tomoselo; y 

con gran deuocion y ternura le besò 

muchas veces. Quedarose admirados 

ver tan repentina y sobrenatural viue- 

za; y que tan subito tornasse en si tan 

aduertido y tan entero. Entendiose de 

lo vno y de lo otro, que nuestro Señor 

vsaua con el de grandes misericordias, 

y le reuelaua detro su bien y su salud, 

que reconocia en si mismo el fruto del 

arbol santissimo de la cruz, medio de 

la salud de las almas: y assí besaua y ado 

raua las imagines de fuera, por ser el

traslado y la seña del bien que gozaua 

dentro […] 

 Las vltimas palabras que pronun- 

ciò, y con que partio deste mundo, fue 

dezir como pudo, que moria como Ca 

tolico en la Fè y obediencia de la santa 

Iglesia Romana: y besando mil vezes 

su crucifixo (teniale en la vna mano, y 

en la otra la candela; y delante la reli- 

quia de S.Albano, por la indulgencia) 

se fue acabando poco a poco, de suerte 

que con vn pequeño mouimiento, da- 

do dos o tres boqueadas, salio aquella 

santa alma, y se fue, segun lo dizen tan- 

tas prueuas, a gozar del Reyno sobera 

no. Durmio en el Señor, el gran Felipe 

segundo, hijo del Emperador Carlos 

quinto, en la misma casa y templo de 

san Lorenço que auia edificado, y casi 

encima de su misma sepultura, a las 

cinco de la mañana, quando el alua ro- 

pia por el Oriente, trayendo el Sol la 

luz del Domingo, dia de luz, y del Se- 

ñor de la luz: y estando cantando la 

Missa del alua los niños del Seminario 

la postrera que se dixo por su vida, y la 

primera de su muerte, a treze de Se- 

tiembre, en las octauas de la Natiuidad 

de nuestra Señora, Vigilia de la Exalta- 

cio de la Cruz, el año M. D. XC. VIII.
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