llizes y estolas viniesen con ella, y q' se 

preuiniessen para dezirle cada vno al- 

guna platica espiritual. Hizose assi: el 

vno lleuo la rodilla entera, con el hues 

so y pellejo dl glorioso martyr S. Sebas- 

tian. El otro, vna costilla del Obispo S. 

Albano, que le auia embiado el Papa 

Clemente VIII. guarnecido harto bie, 

con vna indulgencia plenaria para el 

punto de su muerte, y otra muy singu 

lar, q' no me acuerdo auerse cocedido 

a otro, q' qualquier sacerdote q' dixe- 

re por el Missa en esta su casa en qual- 

quier altar, y quatas vezes quisiere sa- 

que su anima de purgatorio. El tercero 

lleuaua el braço de S. Vicente Ferrer; 

dixole cada vno la Antiphona y oracio 

del santo cuya era la reliquia q' lleuaua, 

y al propósito alguna razon santa y de 

consuelo, y el besándola con la boca y 

con los ojos, dezia, se la aplicassen so- 

bre la rodilla apostemada, y co esto se 

despidieron, dexandole animoso y ale- 

gre, lleno de buenas consideraciones 

para el martyrio que es eraua. Sentia 

tanto aliuio con la presencia y tocamie 

to de las santas reliquias, q' de alli ade- 

late en el discurso de toda la enferme- 

dad, no huuo dia q' fray Martin de Vi- 

llanueua q' las tenia a cargo, no le copu

siesse delante de su presencia vn altar 

co mucha catidad de reliquias: mada- 

bale q' se las truxesse para besarlas y a- 

dorarlas, y se las pusiesse en la parte la- 

stimada […] 

 Mandaua que le leyessen lugares del 

Euagelio que el tenia aduertidos para 

su propósito: como la parabola del hijo 

Prodigo, a quie despues de desperdicia 

da la hazienda, rescibio el padre entre 

sus braços por solo q' se boluio a el arre 

petido, y dixo: Padre pequè en el cielo 

y contra ti. Y la de la oueja perdida, q' 

después de buscada co tanto trabajo, la 

lleuó el buen pastor sobre sus ombros […] 

 Con todo esso en medio de 

sus dolores queria le dexasse algu rato 

solo, y puestos los ojos en un Crucifi- 

xo, derramaua lagrimas deuotissimas, 

alli hablaua con su Señor en lo puro 

de su alma: alli le descubria su pecho 

y se dexaua en sus manos. Para refres- 

car la memoria, ò para que no se la es- 

toruassen, ni las cosas de fuera, ni los 

males del cuerpo, tenia a todos los la 

dos de la cama, y por las paredes de su 

dormitorio Crucifixos è imagines, por 

que se viniessen naturalmente aque- 

llas letras a los ojos, y por ellos al cora- 

çon, y no se perdiesse de vista cosa que
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